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En mi vida hay una puerta, cuya llave son tus dedos y tu boca.
Ven y quémame la piel
no con fuego, no con aire
quémame con la marca de tus labios
y déjame huellas de tu hoguera
para así comprender
lo que el deseo nos provoca
al mirarnos a los ojos.
Ven y someteme
a la voluntad de tus ojos
diosa que penetra mi locura
mis ganas de volar a tu hermosura.