Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
Alma que deja sus hojas
y flores dispersas,
ciclón preocupado que
ruge sobre los mares
y duerme en
una cascada suave.
Alma que está
ahí simplemente,
sangre caliente en
torno a las aguas,
que soñó despertarse
en la primavera.
Alma que duerme y
espera ser eterna,
nieva en las tristezas y
se disuelve pronto,
que permanece brevemente,
abierta al campo,
sin constatar una distancia.
Alma que debe morirse,
de un dolor, de un suspiro,
sin perder su elegancia,
que posee normalmente a la alegría,
que yerra sin culpa
en el fuego del pensamiento.
Alma que viaja lejos,
viento que levanta la vela fina,
que se despierta por
primera vez en su vida entera,
alcanzando ese lugar
tranquilo donde la brisa
transita libre por
los bosques y peñascos.
y flores dispersas,
ciclón preocupado que
ruge sobre los mares
y duerme en
una cascada suave.
Alma que está
ahí simplemente,
sangre caliente en
torno a las aguas,
que soñó despertarse
en la primavera.
Alma que duerme y
espera ser eterna,
nieva en las tristezas y
se disuelve pronto,
que permanece brevemente,
abierta al campo,
sin constatar una distancia.
Alma que debe morirse,
de un dolor, de un suspiro,
sin perder su elegancia,
que posee normalmente a la alegría,
que yerra sin culpa
en el fuego del pensamiento.
Alma que viaja lejos,
viento que levanta la vela fina,
que se despierta por
primera vez en su vida entera,
alcanzando ese lugar
tranquilo donde la brisa
transita libre por
los bosques y peñascos.
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