Évano
Libre, sin dioses.
Inamovibles ante la muerte
los pueblos ancestros de Castilla.
La arruga de la azada del ayer
no iza nunca la frente sudorosa.
El mismo sol, la luz de los tiempos
en la espalda del ojo que no ve.
Y vuela en mí el largo de los prados
inmensos de la tierra fértil,
invisible al arado de siempre.
Levanta labriego la espiga que alza
sus frutos al horizonte que viene.
No siembres tu esqueleto de huesos
que germina la carne de tus hijos.
Cerca tu campo, labrador,
con la humildad de tu trabajo,
pero no olvides cómo avanza
la guadaña egoísta de ahora.
Somos la semilla que siembras
y el pan de tu merecida boca.
los pueblos ancestros de Castilla.
La arruga de la azada del ayer
no iza nunca la frente sudorosa.
El mismo sol, la luz de los tiempos
en la espalda del ojo que no ve.
Y vuela en mí el largo de los prados
inmensos de la tierra fértil,
invisible al arado de siempre.
Levanta labriego la espiga que alza
sus frutos al horizonte que viene.
No siembres tu esqueleto de huesos
que germina la carne de tus hijos.
Cerca tu campo, labrador,
con la humildad de tu trabajo,
pero no olvides cómo avanza
la guadaña egoísta de ahora.
Somos la semilla que siembras
y el pan de tu merecida boca.