nuna
Poeta que considera el portal su segunda casa
Somos sed de un infinito que termina
de parir en la caída.
Y como palomas de dudosa blancura
sobrevivimos entre el aliento ajado
de un sueño moribundo.
Somos borbotones de una misma lumbre
capaces de agujerear la noche
y atar el sol a sus raíces.
Somos milagros inundando vacíos,
apéndice de todos los silencios,
cicatrices de barro en océanos
de incertidumbres,
instantes con olor a alma.
Somos el verbo que atardece en el tiempo
abanderando una lluvia agradecida...
NUNA.
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