Eres con mucho el fulgor que me ciega,
soy el espejo del ojo que mira,
ciegos los dos por amor en la pira,
fuego candente que en sangre se riega.
Todo se pierde con gusto, y se niega
otro futuro, otra huella, otra lira;
otra mirada, poema o mentira
libre de culpa y propensa a la entrega.
Dos principiantes cosidos a besos,
dulce en los labios el labio que asoma,
fuerte el instinto al saberse traviesos.
Somos con creces el máximo axioma,
suma de carnes, de sueños y huesos,
resta que ignora del tiempo la broma.
Me ha encantado este soneto, sí, por varias causas. Una, porque tiene fuerza y poderío (en su contenido está troquelado), otra, porque su desarrollo es coherente, enmarcando en los cuartetos la base, el fundamento, siguiendo en los tercetos con las consecuencias, y en el último de ellos..., un cierre SOBERBIO. Otra más porque lo has compuesto en endecasílabos dactílicos, cosa harto difícil a mi parecer, por lo que tiene aún más mérito.
Curiosamente, el verso (bueno, todos los versos son magníficos) que más me gusta en su contenido es el que, a mi juicio, y solo a mi juicio, sin pretender tener razón, y mucho menos sentar cátedra, es el que adolece, según mi criterio, y solo mi criterio, de perfección en los ritmos, pues encuentro muy forzadas las sucesivas sinalefas en él suscritas, y es:
""otro futuro, otra huella, otra lira;"".
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Bien, al margen de eso, juzgo tu soneto, hermoso, sentido, profundo, y digno de elogio.
Un fuerte abrazo, querido amigo.