ricardinalgra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Dulce penumbra
que en los sueños
se abre a una luz
que no es real.
No ilumina
pero insinúa su presencia
en un cosmos sin materia,
sin edad.
Horadan lucecitas el oscuro
y arden en atmósfera irreal
opacándose antes de caer.
Las puedes observar
cabeza al cielo,
ojos atentos,
ya que no hay nubes
y la luna se ausentó.
Cayeron las estrellas.
Cayó la nuestra...
Mil años,
mil siglos,
su viaje demandó,
para verla desde aquí
ahora,
en un instante
fulgurar su brillo
que fugazmente se apagó.
Espectáculo de ensueño
y de nostalgia
por el viaje, por el brillo
y su final...
Y al despertar súbitamente
en la mañana
en medio de un galope de tambor
otro universo se ofrece a mis sentidos:
tu cabeza en mi brazo,
tu proximidad de piel a piel,
tu ser dormido, el respirar.
Mi pregunta callada
sin respuesta
¿Cómo pudo tan amarga pesadilla
trasvestirse en tal fiesta estelar?
que en los sueños
se abre a una luz
que no es real.
No ilumina
pero insinúa su presencia
en un cosmos sin materia,
sin edad.
Horadan lucecitas el oscuro
y arden en atmósfera irreal
opacándose antes de caer.
Las puedes observar
cabeza al cielo,
ojos atentos,
ya que no hay nubes
y la luna se ausentó.
Cayeron las estrellas.
Cayó la nuestra...
Mil años,
mil siglos,
su viaje demandó,
para verla desde aquí
ahora,
en un instante
fulgurar su brillo
que fugazmente se apagó.
Espectáculo de ensueño
y de nostalgia
por el viaje, por el brillo
y su final...
Y al despertar súbitamente
en la mañana
en medio de un galope de tambor
otro universo se ofrece a mis sentidos:
tu cabeza en mi brazo,
tu proximidad de piel a piel,
tu ser dormido, el respirar.
Mi pregunta callada
sin respuesta
¿Cómo pudo tan amarga pesadilla
trasvestirse en tal fiesta estelar?
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