azulalfilrojo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Saqué mi viejo tintero
-el que llené de pasión-
y con la pluma de plata,
en fino lienzo de seda
pinté un rostro de mujer.
Y allí me quedé parado
contemplando aquel retrato,
esperando a que los trazos
que con pasión dibuje,
me contaran sus secretos.
Los miraba y los miraba
pero no decían nada.
Y después de largas horas
no acertaba a comprender,
¿por qué la bella mujer
con tanto amor dibujada?,
en vez de hablarme callaba
despreciando aquel pincel
que dio vida a su mirada.
Arrugué la suave tela
y la guardé en el cajón.
Y con enorme tristeza
y profunda decepción
me tumbé sobre la cama.
Y así me quedé dormido.
Y soñé con ser pintor
que bellos cuadros pintaba,
y todos ellos me hablaban
de aquella ingrata mujer,
que por no decir palabra
en el fondo de un cajón
quedó sola y olvidada.
-el que llené de pasión-
y con la pluma de plata,
en fino lienzo de seda
pinté un rostro de mujer.
Y allí me quedé parado
contemplando aquel retrato,
esperando a que los trazos
que con pasión dibuje,
me contaran sus secretos.
Los miraba y los miraba
pero no decían nada.
Y después de largas horas
no acertaba a comprender,
¿por qué la bella mujer
con tanto amor dibujada?,
en vez de hablarme callaba
despreciando aquel pincel
que dio vida a su mirada.
Arrugué la suave tela
y la guardé en el cajón.
Y con enorme tristeza
y profunda decepción
me tumbé sobre la cama.
Y así me quedé dormido.
Y soñé con ser pintor
que bellos cuadros pintaba,
y todos ellos me hablaban
de aquella ingrata mujer,
que por no decir palabra
en el fondo de un cajón
quedó sola y olvidada.