tomaldo
Poeta adicto al portal
Con tu mirada nítida y guerrera,
soslayando las fauces del olvido,
retornas a cumplir tu cometido
al templo colosal que te venera.
Humilde corazón, alma torera,
jamás en la batalla te has rendido,
ni el látigo del tiempo te ha vencido,
y de matar tu fe no hay ya manera.
Leyenda viva, ganador sediento,
no existe nadie con afín mesura
ni símil ejemplar de sufrimiento.
Cual Ave Fénix se alza tu figura
de fuego blanco y casto sentimiento,
grandioso caballero en tu finura.
Cada poema es único; En cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada lector busca algo en el poema, y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro.
Octavio Paz
Copyright © 2009 Tomás García Martos. Todos los derechos reservados.
soslayando las fauces del olvido,
retornas a cumplir tu cometido
al templo colosal que te venera.
Humilde corazón, alma torera,
jamás en la batalla te has rendido,
ni el látigo del tiempo te ha vencido,
y de matar tu fe no hay ya manera.
Leyenda viva, ganador sediento,
no existe nadie con afín mesura
ni símil ejemplar de sufrimiento.
Cual Ave Fénix se alza tu figura
de fuego blanco y casto sentimiento,
grandioso caballero en tu finura.
Cada poema es único; En cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada lector busca algo en el poema, y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro.
Octavio Paz
Copyright © 2009 Tomás García Martos. Todos los derechos reservados.
Última edición:
: