SONETO DE LA SÓRDIDA PENA
Quisiera Federico yo en Granada
hallar el infinito donde habitas
tejiendo con los versos la alborada
que en tu rojo de sangre resucitas.
Llorando se quedó la madrugada
y, en ese cielo eterno en que levitas,
me duele ver tu cara ensangrentada
como un jardín de flores ya marchitas.
La luna al callejón del firmamento
lo iluminó en la noche que se cierra
con el pálido rayo que ella vierte,
y se quedó Granada en el lamento,
y el luto negro de la negra tierra
con la sórdida pena de tu muerte.
José Soriano Simón
SafeCreative
Quisiera Federico yo en Granada
hallar el infinito donde habitas
tejiendo con los versos la alborada
que en tu rojo de sangre resucitas.
Llorando se quedó la madrugada
y, en ese cielo eterno en que levitas,
me duele ver tu cara ensangrentada
como un jardín de flores ya marchitas.
La luna al callejón del firmamento
lo iluminó en la noche que se cierra
con el pálido rayo que ella vierte,
y se quedó Granada en el lamento,
y el luto negro de la negra tierra
con la sórdida pena de tu muerte.
José Soriano Simón
SafeCreative