Luciernagas errantes, luminosas y oscuras.
Se posan, se desnudan, y en silencio se entregan.
En las tremulas noches las miramos que vuelan,
escondiendo en sus alas vertignosas estrellas.
Hay sombras que se beben sus destellos fugaces,
y luego satisfechas aborrecen sus hechos.
Cuando la tarde asoma, se ven mover sus ojos
encantando la noche de alumbrados reflejos.
Ya cansados de tantas sugestivas miradas,
de sonrisas vacias, y caricias forzadas,
se arrastran en la oscura frialdad abandonada,
y alli se desvanecen heridas por el tiempo,
que descarga los vientos de dolor y tristeza,
apagando las luces que brotaban de su alma.
german g