Soneto

Enrique Floriano

Poeta fiel al portal
Sólo tengo una voz para alabanza;
voz que cesa en el canto enronquecida,
sin oído que escuche en la aterida
noche; y sin fuerza yo, sin esperanza.

Ya viene el tiempo aquel, el de venganza,
y la ruina se acerca a mi crecida
ciudad, en el ejército homicida
nacido de su propia semejanza.

Por ésto ya mi voz decae, cesa
en su cántico suave y nada expresa
del humo de la muerte y del fragor.

¡Qué de mi pueblo que las llamas buscan!
¡Qué de las noches sin final! Ofuscan
lo que fue nuestra vida, nuestro amor.
 
Sólo tengo una voz para alabanza;
voz que cesa en el canto enronquecida,
sin oído que escuche en la aterida
noche; y sin fuerza yo, sin esperanza.

Ya viene el tiempo aquel, el de venganza,
y la ruina se acerca a mi crecida
ciudad, en el ejército homicida
nacido de su propia semejanza.

Por ésto ya mi voz decae, cesa
en su cántico suave y nada expresa
del humo de la muerte y del fragor.

¡Qué de mi pueblo que las llamas buscan!
¡Qué de las noches sin final! Ofuscan
lo que fue nuestra vida, nuestro amor.

Yo no entiendo mucho de rima,pero me gustaron estos versos y los llevo a pasear,un abrazo
 
Sólo tengo una voz para alabanza;
voz que cesa en el canto enronquecida,
sin oído que escuche en la aterida
noche; y sin fuerza yo, sin esperanza.

Ya viene el tiempo aquel, el de venganza,
y la ruina se acerca a mi crecida
ciudad, en el ejército homicida
nacido de su propia semejanza.

Por ésto ya mi voz decae, cesa
en su cántico suave y nada expresa
del humo de la muerte y del fragor.

¡Qué de mi pueblo que las llamas buscan!
¡Qué de las noches sin final! Ofuscan
lo que fue nuestra vida, nuestro amor.
Excelente métrica y ritmo...y un mesansaje contundente...un palcer leerte amigo...
 
Sólo tengo una voz para alabanza;
voz que cesa en el canto enronquecida,
sin oído que escuche en la aterida
noche; y sin fuerza yo, sin esperanza.

Ya viene el tiempo aquel, el de venganza,
y la ruina se acerca a mi crecida
ciudad, en el ejército homicida
nacido de su propia semejanza.

Por ésto ya mi voz decae, cesa
en su cántico suave y nada expresa
del humo de la muerte y del fragor.

¡Qué de mi pueblo que las llamas buscan!
¡Qué de las noches sin final! Ofuscan
lo que fue nuestra vida, nuestro amor.

Soneto sin objeción formal alguna. Lamento llegar tan tarde a hacer su crítica.

Mis parabienes, Enrique,

Un saludo,
 
Sólo tengo una voz para alabanza;
voz que cesa en el canto enronquecida,
sin oído que escuche en la aterida
noche; y sin fuerza yo, sin esperanza.

Ya viene el tiempo aquel, el de venganza,
y la ruina se acerca a mi crecida
ciudad, en el ejército homicida
nacido de su propia semejanza.

Por ésto ya mi voz decae, cesa
en su cántico suave y nada expresa
del humo de la muerte y del fragor.

¡Qué de mi pueblo que las llamas buscan!
¡Qué de las noches sin final! Ofuscan
lo que fue nuestra vida, nuestro amor.

Estimado Enrique,
si bien llego también tarde
a este bello soneto,
no quiero dejar pasar la oportunidad
para comentarte
que me ha parecido excelente
en todo su desarrollo,
notando especialmente
el buen uso que has hecho
de los versos encabalgados,
en creo 6 oportunidades,
con admirable técnica.
Un abrazo, poeta,
edelabarra
 
Estimado Enrique,
si bien llego también tarde
a este bello soneto,
no quiero dejar pasar la oportunidad
para comentarte
que me ha parecido excelente
en todo su desarrollo,
notando especialmente
el buen uso que has hecho
de los versos encabalgados,
en creo 6 oportunidades,
con admirable técnica.
Un abrazo, poeta,
edelabarra


Gracias, Eduardo, por tus palabras a mi soneto.
Por otra parte, se me había pasado felicitarte
por tu nombramiento como miembro del jurado;
estoy seguro que harás un estupendo trabajo.

Un abrazo.


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