Enrique Floriano
Poeta fiel al portal
Sólo tengo una voz para alabanza;
voz que cesa en el canto enronquecida,
sin oído que escuche en la aterida
noche; y sin fuerza yo, sin esperanza.
Ya viene el tiempo aquel, el de venganza,
y la ruina se acerca a mi crecida
ciudad, en el ejército homicida
nacido de su propia semejanza.
Por ésto ya mi voz decae, cesa
en su cántico suave y nada expresa
del humo de la muerte y del fragor.
¡Qué de mi pueblo que las llamas buscan!
¡Qué de las noches sin final! Ofuscan
lo que fue nuestra vida, nuestro amor.
voz que cesa en el canto enronquecida,
sin oído que escuche en la aterida
noche; y sin fuerza yo, sin esperanza.
Ya viene el tiempo aquel, el de venganza,
y la ruina se acerca a mi crecida
ciudad, en el ejército homicida
nacido de su propia semejanza.
Por ésto ya mi voz decae, cesa
en su cántico suave y nada expresa
del humo de la muerte y del fragor.
¡Qué de mi pueblo que las llamas buscan!
¡Qué de las noches sin final! Ofuscan
lo que fue nuestra vida, nuestro amor.