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El comienzo no siempre es complicado. Nacemos sin esfuerzo, solo con inocencia. Es la meta del hombre. Es esa sensibilidad. Esa pureza. Esa vida invisible. Comprender que un bebé experimenta. ¿Libertad o calvario, su inquietud? Se les marca un camino y unas pautas. Se les dicta las cosas que pueden suponer un gran peligro. Pero, ¿no se dan cuenta que debajo de eso se esconden una infinitud de incertidumbres? No se les puede explicar con palabras: "¡He pasado por lo que estás pasando!" La memoria no alcanza dicha similitud. ¿Cómo hablarle a un recién nacido sobre el bien o el mal? ¿Qué gesticulaciones o muecas les distraen pues del llanto? ¿Alcanzan en verdad esa paz aparente al dormir? ¿De qué forma serán sus pesadillas? ¿Sus despertares? ¿Utilizan tan solo las emociones? ¿Qué les mueve a chupar del biberón, a morder el chupete? ¿Qué tiempo necesitan para comunicarnos su sonrisa? ¿Qué se esconde tras ella? ¿En qué momento nacen esas curiosidades por lo que les rodea? ¿Qué quieren expresar cuando aprenden a hablar? ¿Cuál será su intención? ¿Qué enigma, pues, recubre su candor? ¿Por qué se superpone el concepto de que imitan conductas? ¿Eso es lo que les salva realmente de su mundo, les prepara asimismo a fin de distinguir el bien del mal? ¿Pierden toda su esencia tan solo por crecer? ¿Cuándo tiene lugar su madurez? ¿Consideran realmente que un bebé puede cambiar su vida? ¿De qué universo escapan cuando se les inculca el premio y el castigo? ¿De ése mismo que nadie puede rememorar? ¿Cuál sería en verdad el "mejor mundo", ése desde el que vienen sus sonrisas, o ése que nos faculta para ponerle límites, para "desconectar" de cuando en vez?
El comienzo no siempre es complicado. Nacemos sin esfuerzo, solo con inocencia. Es la meta del hombre. Es esa sensibilidad. Esa pureza. Esa vida invisible. Comprender que un bebé experimenta. ¿Libertad o calvario, su inquietud? Se les marca un camino y unas pautas. Se les dicta las cosas que pueden suponer un gran peligro. Pero, ¿no se dan cuenta que debajo de eso se esconden una infinitud de incertidumbres? No se les puede explicar con palabras: "¡He pasado por lo que estás pasando!" La memoria no alcanza dicha similitud. ¿Cómo hablarle a un recién nacido sobre el bien o el mal? ¿Qué gesticulaciones o muecas les distraen pues del llanto? ¿Alcanzan en verdad esa paz aparente al dormir? ¿De qué forma serán sus pesadillas? ¿Sus despertares? ¿Utilizan tan solo las emociones? ¿Qué les mueve a chupar del biberón, a morder el chupete? ¿Qué tiempo necesitan para comunicarnos su sonrisa? ¿Qué se esconde tras ella? ¿En qué momento nacen esas curiosidades por lo que les rodea? ¿Qué quieren expresar cuando aprenden a hablar? ¿Cuál será su intención? ¿Qué enigma, pues, recubre su candor? ¿Por qué se superpone el concepto de que imitan conductas? ¿Eso es lo que les salva realmente de su mundo, les prepara asimismo a fin de distinguir el bien del mal? ¿Pierden toda su esencia tan solo por crecer? ¿Cuándo tiene lugar su madurez? ¿Consideran realmente que un bebé puede cambiar su vida? ¿De qué universo escapan cuando se les inculca el premio y el castigo? ¿De ése mismo que nadie puede rememorar? ¿Cuál sería en verdad el "mejor mundo", ése desde el que vienen sus sonrisas, o ése que nos faculta para ponerle límites, para "desconectar" de cuando en vez?