El hombre del porsaco
Poeta recién llegado
Tengo una muñeca hinchable que se escapa por las noches,
espera a que esté dormido para irse con mi coche.
La escucho llegar al alba, se piensa que no se nada,
como no voy a enterarme si regresa desinchada.
Esta noche voy a seguirla que yo sé que aquí hay misterio,
en su caja de embalaje guarda ya mas de mil euros.
No sé como cobra vida, yo no encuentro ningún cable,
¿para qué querrá el dinero si es una muñeca hinchable?.
La busco en los bajos fondos y recibo un palizón,
que duro es ver tu cabeza convertida en un balón.
Pido auxilio y una anciana se ofrece para ayudarme,
me arrastra a su cuchitril y comienza a desnudarme.
Ha sido sucio y dantesco pero había que preguntar,
ahora sé que en este barrio las putas son de verdad.
He de llegar a la calle, necesito respirar,
ya no siento ni los golpes, sólo quiero vomitar.
Y le riego los botines a un macarra de solera,
casi no vi el navajazo pero si las tripas fuera.
Me despierto en un carrito de esos del supermercado,
me lleva hasta el hospital un yonki que se ha apiadado.
Estoy viendo que no llego, mi corazón ya ni late
cuando la veo posando en aquel escaparate.
Al menos me voy tranquilo, tiene un trabajo formal
sólo hacía de maniquí en un centro comercial.
espera a que esté dormido para irse con mi coche.
La escucho llegar al alba, se piensa que no se nada,
como no voy a enterarme si regresa desinchada.
Esta noche voy a seguirla que yo sé que aquí hay misterio,
en su caja de embalaje guarda ya mas de mil euros.
No sé como cobra vida, yo no encuentro ningún cable,
¿para qué querrá el dinero si es una muñeca hinchable?.
La busco en los bajos fondos y recibo un palizón,
que duro es ver tu cabeza convertida en un balón.
Pido auxilio y una anciana se ofrece para ayudarme,
me arrastra a su cuchitril y comienza a desnudarme.
Ha sido sucio y dantesco pero había que preguntar,
ahora sé que en este barrio las putas son de verdad.
He de llegar a la calle, necesito respirar,
ya no siento ni los golpes, sólo quiero vomitar.
Y le riego los botines a un macarra de solera,
casi no vi el navajazo pero si las tripas fuera.
Me despierto en un carrito de esos del supermercado,
me lleva hasta el hospital un yonki que se ha apiadado.
Estoy viendo que no llego, mi corazón ya ni late
cuando la veo posando en aquel escaparate.
Al menos me voy tranquilo, tiene un trabajo formal
sólo hacía de maniquí en un centro comercial.