Fabián Menassa
Poeta adicto al portal
Vengo para contar mi historia,
se trata de una historia diferente,
no es;
la historia escrita por los vencedores
pues debéis saberlo;
esta vez,
perdí como en la guerra,
perdí,
como en el juego con la vida
cuando el corazón deja de latir
mientras mis nervios arañaban mi caída
y un vacío de intempesta noche
le tiende la mano a todos los finales.
Mis últimas fibras, amielínicas,
se preñan de dolor mudo,
casi inerte.
No traigo nada en los bolsillos,
alguna ajena deuda tal vez
un poquito de mierda,
un nada de nada,
que valga lo pagado.
Soy,
el que cantando,
estira las cuerdas de la guitarra hasta partirlas;
tierras podridas y escombros atraviesa mi canto,
mi verde voz.
Cuando me defendía con puños y dientes de la muerte,
una fuerza delirante de grandezas lejanas como astros
me agarraba los brazos por la espalda tiñendo de azul
rojos derramados.
Soy el que todos aman,
el que levanta siempre su brazo por amistad,
vengo a contar mi historia
Soy Okpal,
Tupacamarú beso mi nacimiento
en su grito de historia en mil pedazos.
De un golpe levanté madera y tierra,
de un grito apagué todas las noches
y le puse a esa oscuridad infinita;
la sonrisa velada de la luna,
un manto de estrellas,
de ruedas de bueyes,
constelaciones
Soy Okpal,
salí de Buenos Aires,
cuando la peste andaba cerca.
Soy Okpal,
señor de todas las alturas,
le hice un cielo perenne al amor, a la amistad
y puse al servicio de mis puños la justicia, cierta bondad,
técnicas ancestrales de combate,
en mi pálido cuerpo
de amanecer luminoso.
se trata de una historia diferente,
no es;
la historia escrita por los vencedores
pues debéis saberlo;
esta vez,
perdí como en la guerra,
perdí,
como en el juego con la vida
cuando el corazón deja de latir
mientras mis nervios arañaban mi caída
y un vacío de intempesta noche
le tiende la mano a todos los finales.
Mis últimas fibras, amielínicas,
se preñan de dolor mudo,
casi inerte.
No traigo nada en los bolsillos,
alguna ajena deuda tal vez
un poquito de mierda,
un nada de nada,
que valga lo pagado.
Soy,
el que cantando,
estira las cuerdas de la guitarra hasta partirlas;
tierras podridas y escombros atraviesa mi canto,
mi verde voz.
Cuando me defendía con puños y dientes de la muerte,
una fuerza delirante de grandezas lejanas como astros
me agarraba los brazos por la espalda tiñendo de azul
rojos derramados.
Soy el que todos aman,
el que levanta siempre su brazo por amistad,
vengo a contar mi historia
Soy Okpal,
Tupacamarú beso mi nacimiento
en su grito de historia en mil pedazos.
De un golpe levanté madera y tierra,
de un grito apagué todas las noches
y le puse a esa oscuridad infinita;
la sonrisa velada de la luna,
un manto de estrellas,
de ruedas de bueyes,
constelaciones
Soy Okpal,
salí de Buenos Aires,
cuando la peste andaba cerca.
Soy Okpal,
señor de todas las alturas,
le hice un cielo perenne al amor, a la amistad
y puse al servicio de mis puños la justicia, cierta bondad,
técnicas ancestrales de combate,
en mi pálido cuerpo
de amanecer luminoso.
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