Jesús Cáñez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Que exploten hoy mis globos oculares
por todas estas lágrimas que lloro,
pues siento al corazón en deterioro
haciendo con mi llanto siete mares.
Y El viaje del quejido más sonoro
que rompa mi pesar y mi amargura,
pues pienso ya al amor cual sombra oscura
cayendo más veloz que un meteoro:
De un tiempo acá cambió la cerradura:
mi llave no es la misma de esa puerta;
la suerte ya falló, la letra muerta
quedó como invocando una estructura
que no llegó jamás a la escritura.
Por eso yo condeno estos cerrojos
y quiero que me exploten hoy los ojos,
y viaje por el viento mi quejido.
Por eso se detiene ese latido,
y caigo y lloro y muero. ¡Soy despojos!
por todas estas lágrimas que lloro,
pues siento al corazón en deterioro
haciendo con mi llanto siete mares.
Y El viaje del quejido más sonoro
que rompa mi pesar y mi amargura,
pues pienso ya al amor cual sombra oscura
cayendo más veloz que un meteoro:
De un tiempo acá cambió la cerradura:
mi llave no es la misma de esa puerta;
la suerte ya falló, la letra muerta
quedó como invocando una estructura
que no llegó jamás a la escritura.
Por eso yo condeno estos cerrojos
y quiero que me exploten hoy los ojos,
y viaje por el viento mi quejido.
Por eso se detiene ese latido,
y caigo y lloro y muero. ¡Soy despojos!
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