QUINSONNAS
Poeta fiel al portal
Me hiciste un viajero al irte
del drama de este suplicio,
un navegante confuso
en medio de un mar bravío.
Soy, desde entonces, un ciego
carente de un lazarillo
vagando, en círculo, a tientas
por lamentos infinitos.
Una sombra delirante
que vuela sin rumbo fijo
y suplica una salida
de este amargo laberinto.
Soy tu amalgama de noes,
tus azotes infligidos,
el deshecho de un amante
que tu amor siempre lo quiso.
La gris costra de una vela
congelada sin tus mimos,
el baúl de la buhardilla
de tu sótano de olvido.
Un don nadie sin un alguien,
una chispa sin su brillo,
la tortura de un calvario
de insondables alaridos.
Soy la arena de una roca
que contigo era granito
convirtiéndome en un lodo
que al marcharte me deshizo.
La garganta corroída
de un ruiseñor afligido,
sin tener, ya por desgracia,
de vivir ningún motivo.
Un fantasma que levita
su tragedia en un pasillo
con su sábana vistiendo
unas lágrimas de lino.
Soy, desalado, un océano,
una trucha sin un río,
un silencio de ultratumba
añorando tus latidos.
El infortunio en persona
que soporto y va conmigo
sin el norte de una brújula
que me oriente a tu destino.
El cascarón de un vil bosque
de paisaje apocalíptico,
una llaga mal curada
de un rechazo malherido.
Soy sólo otro bandolero
al que tu amor ha proscrito,
ante un espejo el enigma
de un corazón ya vacío.
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