Leona sumisa
Poeta recién llegado
Las ovejas de mi insomnio ya deliran las retahílas de mis versos.
Y vengo pincelando, con marcianos un futuro al que no le sigo los pasos.
Por tener el ahora muchas veces, lloré en el mañana.
Pero te doy la oportunidad del presente.
Y toma mis labios sin su dirección, porque no son tuyos, cariño.
Me encanta imaginarte, con un corazón descremado, caminando justo al borde de mi ley.
Adornando con veneno la inocencia, que pica en tus versos.
Y me convierte adicta a tus pecados. Callada. Sumisa.
Caminar intenso, ojos fogosos, arqueo de una espalda femenina y su diseño.
Por quemar los huesos, sigo teniendo la misma sonrisa.
A pesar de que vivamos libres, vivimos encadenados.
A todas nuestras anclas mortales y masoquistas.
Que se le llame libre al amor por siempre.
Llèvame hasta la tumba de tus sacramentos.
Y conviérteme en alguna de tus diosas
A esas que siempre les rendiste culto, pero nunca, les rendiste cuentas.
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