Mírame espejo, dime qué ves.
No llevo más que piel y unos ojos cansados. El pelo, lacio y sin brillo, se derrama sobre estos tristes hombros que me susurran sollozos. Las piernas, ¿las ves?, están desganadas y no me dejan seguir. Y por mucho que las frote, las manos se han abandonado al frío y lucen pálidas.
Me he vuelto a vaciar, tan rápido como llegué a llenarme. Es definitivo, pienso, pero el ciclo se repite y no hallo sendero seguro. Este viento que ahora me derriba, se doblegó un día ante mi espíritu, que se alzaba fuerte y vivo. Ahora parece haber olvidado sus proezas y se esconde en un rincón, encogido por el miedo y la indecisión.
¿Quién era yo entonces? ¿Qué soy hoy? Pero solo fui, y solo soy. Dolor y cura al mismo tiempo, el problema y la solución. Solo soy. Una agónica encarcelación como la más absoluta libertad. Soy el todo pero también la nada. Es inútil que me hieras, pues vivo sangrante y no hay descanso más dulce para mi que la muerte. No pierdas el tiempo.
Soy una aguja en mi propio pajar. Me pierdo, y me vuelvo a descubrir. Vibrante y enérgica, pero débil y apagada. ¿Hacerte daño? ¡Nunca! Pues lo reservo para mi misma, para seguir siendo. No hay una explicación; no tiene nombre de varón, ni tampoco de mujer. No es el amor ni el desamor, ya que mi corazón vive entero y roto. No existe razón para ser, pues solo soy. Mírame.
No llevo más que piel y unos ojos cansados. El pelo, lacio y sin brillo, se derrama sobre estos tristes hombros que me susurran sollozos. Las piernas, ¿las ves?, están desganadas y no me dejan seguir. Y por mucho que las frote, las manos se han abandonado al frío y lucen pálidas.
Me he vuelto a vaciar, tan rápido como llegué a llenarme. Es definitivo, pienso, pero el ciclo se repite y no hallo sendero seguro. Este viento que ahora me derriba, se doblegó un día ante mi espíritu, que se alzaba fuerte y vivo. Ahora parece haber olvidado sus proezas y se esconde en un rincón, encogido por el miedo y la indecisión.
¿Quién era yo entonces? ¿Qué soy hoy? Pero solo fui, y solo soy. Dolor y cura al mismo tiempo, el problema y la solución. Solo soy. Una agónica encarcelación como la más absoluta libertad. Soy el todo pero también la nada. Es inútil que me hieras, pues vivo sangrante y no hay descanso más dulce para mi que la muerte. No pierdas el tiempo.
Soy una aguja en mi propio pajar. Me pierdo, y me vuelvo a descubrir. Vibrante y enérgica, pero débil y apagada. ¿Hacerte daño? ¡Nunca! Pues lo reservo para mi misma, para seguir siendo. No hay una explicación; no tiene nombre de varón, ni tampoco de mujer. No es el amor ni el desamor, ya que mi corazón vive entero y roto. No existe razón para ser, pues solo soy. Mírame.
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