Solaribus
Poeta veterano en el portal
Puedo resumir cada vivencia de las cosas
en alguna expresión que la contenga…
Decir, por ejemplo, que la Ternura
es un jarrón con azucenas y
un perfume de cuna a media tarde.
Pero aún sintetizando su pureza en tal manera,
te aseguro que todo ese universo enorme, inmaculado,
sería más pequeño que tus ojos cuando lloran.
Puedo imaginar a la Pasión, como lobos en la sangre.
Salvajes fieras que devoran y permiten ser devoradas,
atormentadas por algún vano temor de un final inminente.
Infinitos e indómitos lobos, muriendo para evitar la muerte,
una…mil…diez mil veces…
Pero te aseguro, mi amor, que si pudiera contenerse
en un solo lugar toda la pulsión y toda la piel,
todo el deseo hasta ahora concebido y realizado,
habría en cambio que inventar millones de planetas
para encerrar una sola caricia tuya y uno solo de tus besos.
Y que tan sólo una gota de tu rocío de medianoche
bastaría para crear cada océano y cada río de esos mundos.
Y es que ya no es posible siquiera diseñar en la mente
nada que no sea más pequeño que tus manos,
que tu voz de tormenta,
que tu vientre de hembra infinita,
diametral, opuesta a todo, meridiana, convexa.
Como una abeja laboriosa construyes el panal de mi historia,
dolorido cerumen de diáfanos amores,
y transitando este presente detenido,
eres Verdad ondeando en el mástil de mi vida,
almohada en la fatiga y socorro en vendavales,
eres flauta en medio del desierto,
corazón latiendo en medio de las piedras.
Ya no es posible separar, ni por alquimia,
tu risa de mis pasos, tus lágrimas de mi pecho,
tu antigua canción de niña adormecida
de mis sueños de juglar enamorado.
Te deslizas en la hierba como una brisa suave,
como una llovizna intensa de susurros vespertinos,
y te transformas en unas notas de piano que me roban el alma,
y eres miel, alimento en terciopelo.
Y así, sublime y cotidiano,
este amor me va subiendo por las lágrimas,
trepando por galaxias hasta el centro de mi espíritu.
Y desatado de la carne, allí te adoro para siempre,
como cien mil gaviotas detenidas en el aire,
como un millón de abrazos al unísono.
Voy siendo, acaso, lo que el viento me permite,
un trashumante seguidor de tus empeños,
un buscador eterno de tu infancia,
un peregrino hacia La Meca de tus sueños.
Y si peregrinando así mi amor, hasta mi muerte,
soy capaz de rescatar un solo sueño tuyo,
tengo por bien vivida mi vida
y bien coronada está esa suerte.
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