Constantino
Poeta recién llegado
Eslabona la noche una luna moribunda
punteando remotas estrellas alrededor del espacio.
Mis huesos se vuelven madera y crujen,
mi sien se vuelve hielo, y escampo.
Ahí, en la supremacía del odorífero libro
que abraza la aurora de este momento bienquisto, acallo.
De pronto, aparece un sueño en el punto
donde termina y se dispersa el humo del tabaco:
Somos el mar, cuanto mar escupe vados,
en nuestra alma, que siempre a la orilla se siente de antaño.
Somos el mar, cuanto mar nos socava el pecho,
nos abrimos como un florecimiento y nos purga con aliento.
Nuestra nostalgia, viva, desnuda.
Nuestro talento desbordado en la boca del viento, y perdido.
En pianos húmedos y apacibles duerme nuestro sueño,
cuanto sueño es frágil, bueno, noble y sincero.
Somos los expirados, los indomables y extraños hijos
que deciden, tras toda moda, ser ellos mismos.
Constantino.
punteando remotas estrellas alrededor del espacio.
Mis huesos se vuelven madera y crujen,
mi sien se vuelve hielo, y escampo.
Ahí, en la supremacía del odorífero libro
que abraza la aurora de este momento bienquisto, acallo.
De pronto, aparece un sueño en el punto
donde termina y se dispersa el humo del tabaco:
Somos el mar, cuanto mar escupe vados,
en nuestra alma, que siempre a la orilla se siente de antaño.
Somos el mar, cuanto mar nos socava el pecho,
nos abrimos como un florecimiento y nos purga con aliento.
Nuestra nostalgia, viva, desnuda.
Nuestro talento desbordado en la boca del viento, y perdido.
En pianos húmedos y apacibles duerme nuestro sueño,
cuanto sueño es frágil, bueno, noble y sincero.
Somos los expirados, los indomables y extraños hijos
que deciden, tras toda moda, ser ellos mismos.
Constantino.