Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
Abrí la tapa del ataúd
y lentamente mis ojos
se acostumbraban a la
cegadora luz
que ahora los aturdía
me di cuenta, de cómo me desasía,
fácilmente de los fríos brazos de la muerte,
que me mantenía en un abrazo
que pensé seria eterno.
Busqué con premura, algún nuevo motivo que
me hiciera sentir viva nuevamente
Olvidé el motivo por el cual me había resignado
a morir,
no recordaba por qué había tomado esa decisión
Sabía que podía dar más
Encontré lo que buscaba
aquel ser de mirada demencial
que me cautivó
pero una vez que le conocí,
me di cuenta de que,
jugaba con mis sentimientos
y en ese instante recordé la razón exacta,
por la cual había decidido emprender
ese viaje al umbral lúgubre despojado de vida
Y me hallé confundida,
entre la vida y la muerte
sumida en un sopor
¿Acaso había caído inconsciente,
o había regresado a mi espantoso destino inicial?
Y cada vez más, los pensamientos se apelmazaban
en el pulcro desorden de mi cabeza
decidí no seguir pensando
Y el ataúd se cerró.
A veces no nos imaginamos que tan vivos o que tan muertos estamos conforme a la realidad y no gozamos de mirar una flor nos cerramos efectivamente un ataud en el corazon y de ahi nadie nos saca es nuevamente precioso tu escribir lo he disfrutado el tema es impactante y como lo trazas me encanto besos te quiero mucho sunako.