Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Apenas un sueño basta para derramar una lágrima, uno pequeño, ínfimo, un suspiro de algún ángel que se perdió en la noche y se acodó en el anestesiado latido de tu pecho. Despiertas y paladeas ausencia, un hueco enorme que no explicas en el lado donde las sábanas permanecen vírgenes de pliegues. Recorres con la palma de tu mano, ésa que extravió caricias, la tersura del desierto y notas el frío traspasando tus falanges hasta los mismos tendones del pensamiento que se astillan en múltiples esquirlas, afiladas puntas de flecha cegando el mascarón de proa del bajel donde acomodaste tus deseos, cáscara de nuez al borde de un sumidero, insondable albañal que te espera con sus fauces abiertas pues tu destino parece que soldó el rumbo del timón de ese futuro que sientes presente y te sabe a pasado.
¿Qué te queda de aquel castillo? ¿Qué minó sus cimientos? No hay huellas, ni un vestigio de su existencia, acaso sólo la cadena del puente levadizo que dormita con sus eslabones oxidándose, una piel de serpiente sin entrañas, sin colmillos, sin veneno, eco, sombra, nada...
Y miras dentro de ti y descubres a la niña que aún eres aferrada a una nube. ¿Bajaste alguna vez pequeña incauta?¿Qué nana te cantaron al oído que duermes eternidades? ¿Qué fábula creíste poder alcanzar? ¡Tierra! Grito, ¡tierra a la vista! - por ver si despierta - como el vigía en lo alto de La Pinta al divisar el Nuevo Mundo y a cañonazos de alarido, deshilacho el embozo de humo. Cae, cae, cae.... sólo será un momento... Yo te espero aquí para acunarte en mi regazo.
¿Qué te queda de aquel castillo? ¿Qué minó sus cimientos? No hay huellas, ni un vestigio de su existencia, acaso sólo la cadena del puente levadizo que dormita con sus eslabones oxidándose, una piel de serpiente sin entrañas, sin colmillos, sin veneno, eco, sombra, nada...
Y miras dentro de ti y descubres a la niña que aún eres aferrada a una nube. ¿Bajaste alguna vez pequeña incauta?¿Qué nana te cantaron al oído que duermes eternidades? ¿Qué fábula creíste poder alcanzar? ¡Tierra! Grito, ¡tierra a la vista! - por ver si despierta - como el vigía en lo alto de La Pinta al divisar el Nuevo Mundo y a cañonazos de alarido, deshilacho el embozo de humo. Cae, cae, cae.... sólo será un momento... Yo te espero aquí para acunarte en mi regazo.
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