El Principe Feliz
Poeta recién llegado
Cuando la luna coquetea con el día
las libélulas en celo
despiertan y depositan sus ilusiones
en la antesala de sus vuelos
brindan por sus machos
y los nombran
cáliz en las manos
escarlatas las pasiones
el antiguo sol del mediodía
no conoce las oscuras veredas
que llevan a los manantiales secretos
donde habitan las hadas fugitivas
los barros rudos
las mezclas de paja
civilizaciones de sombras vivas
en los helechos
en la Atlántida prometida
el dios de la mano casta
y la entorcha encendida
cuestionándole al mar
su ferocidad contenida
breve paso de eternidad
latido del corazón
mil siglos de vida
nada
simplemente nada
al fin y al cabo
la sangre es desteñida
corre... escapa por tu vida
y espero
total
solo soy un pensamiento
un añejo sueño
un rancio verso
tejiendo las sombras y las luces
sin importarme la verdad ni la mentira...
tan solo la belleza y sus maravillas
tan antiguo que he renunciado a la fe
de nacer algún día
entonces el vivir será solamente una pesadilla
de la que despertaré después
a unirme a las hadas fugitivas
que me esperan en su guarida
listas para que iniciemos el vuelo
en la mañana del alba eterna
donde no habitan los días
entonces descubriremos que la vida nunca existió
fue tan solo la tenue luz de un espejismo
una ilusión lejana y breve
como una luciérnaga que brilla
junto a millones de galaxias encendidas