RAFAEL LEONARDO
Poeta recién llegado
En el salón la luna rodaba...
su manto nos cubría;
perlas y estrellas brotaban
de ti y tu melancolía...
Y viste brillar tu reflejo
y tu forma plateada
en el dorado espejo
que yo, indolente, miraba...
Las horas pasaban...
los silencios extensos
se tornaron sueños alados
y en tu alma un verso...
En mi alma, duendes
y ninfas y hadas jugaban,
bailaban arrobadas
una danza valiente.
Detuviéronse de pronto,
al son de una llamada...
la llamada de tu alma,
que en la mía entraba.
Un estallido multicolor,
brillante, transparente,
formó la llama del amor
arropada con tu poema.
Si en tu alma una flor
se abre para mi alma,
con mi elixir de amor
regaré su dulce tallo.
Entreabrí los párpados
y allí estaba tu mirada,
tu sonrisa mágica,
bajo la luna plateada
que en el salón rodaba...
RAFAEL LEONARDO
su manto nos cubría;
perlas y estrellas brotaban
de ti y tu melancolía...
Y viste brillar tu reflejo
y tu forma plateada
en el dorado espejo
que yo, indolente, miraba...
Las horas pasaban...
los silencios extensos
se tornaron sueños alados
y en tu alma un verso...
En mi alma, duendes
y ninfas y hadas jugaban,
bailaban arrobadas
una danza valiente.
Detuviéronse de pronto,
al son de una llamada...
la llamada de tu alma,
que en la mía entraba.
Un estallido multicolor,
brillante, transparente,
formó la llama del amor
arropada con tu poema.
Si en tu alma una flor
se abre para mi alma,
con mi elixir de amor
regaré su dulce tallo.
Entreabrí los párpados
y allí estaba tu mirada,
tu sonrisa mágica,
bajo la luna plateada
que en el salón rodaba...
RAFAEL LEONARDO