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Sueños de otoño

M. Á. M.

Poeta recién llegado
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La tímida caricia del tiempo, que se va
apenas sin rozarlo, ya lejos de mi puerta,
me trae la fragancia lejana de los bosques
y el húmedo recuerdo de aquella infancia eterna.


Perdido en la memoria el viento se acumula
y dice su susurro que, sobre mi corteza,
los años han pasado por luces y penumbras,
acaso como sueños de otoño en primavera.


A cada paso el cielo, con sus miradas grises,
descubre que la lluvia, que pare la belleza,
es más que aquel bullicio de chopos y molinos
que baña la llanura entre las hojas secas,


crujientes, seductoras, llenando los vacíos
con esa luz difusa y aleve de la niebla.
Perdido en la memoria, el prado se adormece
debajo de la escarcha que besa la ribera,


camino de las horas donde dejé marchitos
el verde tintineo de abril, y esa acuarela
de nítidos matices, intensos como el barro
que nace de las aguas, donde la paz espera


gritándole al silencio que ya no queda nada
para desvanecerse al tacto de la hierba.
Quizás otra mañana despierte con el firme
aliento de encontrarme, y darme a la demencia


total de regresarme de nuevo a lo perdido,
pero esta lo que toca es ver si, por mi huerta,
rebrotan ya las cosas, dejadas al olvido
del frío del invierno, o siguen bajo tierra


sin ánimo ni vida, como mi corazón
que sigue hacia adelante, pues es lo que le queda.
 
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La tímida caricia del tiempo, que se va
apenas sin rozarlo, ya lejos de mi puerta,
me trae la fragancia lejana de los bosques
y el húmedo recuerdo de aquella infancia eterna.


Perdido en la memoria el viento se acumula
y dice su susurro que, sobre mi corteza,
los años han pasado por luces y penumbras,
acaso como sueños de otoño en primavera.


A cada paso el cielo, con sus miradas grises,
descubre que la lluvia, que pare la belleza,
es más que aquel bullicio de chopos y molinos
que baña la llanura entre las hojas secas,


crujientes, seductoras, llenando los vacíos
con esa luz difusa y aleve de la niebla.
Perdido en la memoria, el prado se adormece
debajo de la escarcha que besa la ribera,


camino de las horas donde dejé marchitos
el verde tintineo de abril, y esa acuarela
de nítidos matices, intensos como el barro
que nace de las aguas, donde la paz espera


gritándole al silencio que ya no queda nada
para desvanecerse al tacto de la hierba.
Quizás otra mañana despierte con el firme
aliento de encontrarme, y darme a la demencia


total de regresarme de nuevo a lo perdido,
pero esta lo que toca es ver si, por mi huerta,
rebrotan ya las cosas, dejadas al olvido
del frío del invierno, o siguen bajo tierra


sin ánimo ni vida, como mi corazón
que sigue hacia adelante, pues es lo que le queda.


Acudo raudo a felicitar este espléndido poema. Su desarrollo, su métrica y su exquisito léxico lo hacen merecedor del mayor de los elogios.

Sin duda, un placer de lectura.
 
Acudo raudo a felicitar este espléndido poema. Su desarrollo, su métrica y su exquisito léxico lo hacen merecedor del mayor de los elogios.

Sin duda, un placer de lectura.

Muchas gracias por tu elogiosa y efusiva felicitación a este poema Vicente.

El placer es mío de saber que has disfrutado la lectura.

Un abrazo.
 
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La tímida caricia del tiempo, que se va
apenas sin rozarlo, ya lejos de mi puerta,
me trae la fragancia lejana de los bosques
y el húmedo recuerdo de aquella infancia eterna.


Perdido en la memoria el viento se acumula
y dice su susurro que, sobre mi corteza,
los años han pasado por luces y penumbras,
acaso como sueños de otoño en primavera.


A cada paso el cielo, con sus miradas grises,
descubre que la lluvia, que pare la belleza,
es más que aquel bullicio de chopos y molinos
que baña la llanura entre las hojas secas,


crujientes, seductoras, llenando los vacíos
con esa luz difusa y aleve de la niebla.
Perdido en la memoria, el prado se adormece
debajo de la escarcha que besa la ribera,


camino de las horas donde dejé marchitos
el verde tintineo de abril, y esa acuarela
de nítidos matices, intensos como el barro
que nace de las aguas, donde la paz espera


gritándole al silencio que ya no queda nada
para desvanecerse al tacto de la hierba.
Quizás otra mañana despierte con el firme
aliento de encontrarme, y darme a la demencia


total de regresarme de nuevo a lo perdido,
pero esta lo que toca es ver si, por mi huerta,
rebrotan ya las cosas, dejadas al olvido
del frío del invierno, o siguen bajo tierra


sin ánimo ni vida, como mi corazón
que sigue hacia adelante, pues es lo que le queda.
Fantásticos esos hexadecasílabos. Este metro me trae gratos recuerdos personales. Un saludo cordial, M. Á. M.
 
Fantásticos esos hexadecasílabos. Este metro me trae gratos recuerdos personales. Un saludo cordial, M. Á. M.

No son versos octonarios, José Benito, sino alejandrinos. No es que quiera entrar en polémica pero no he podido resistirme a la precisión. Seguro que ha sido un lapsus involuntario. ¡Uff...vaya noche!
 
Última edición:
No son versos octonarios, José Benito, sino alejandrinos. No es que quiera entrar en polémica pero no he podido resistirme a la precisión. Seguro que ha sido un lapsus involuntario. ¡Uff...vaya noche!
Sí, es un romance en alejandrinos. :)
Pues sí, dices bien, claro, son alejandrinos, muchas gracias. No sé por qué dije que son octodecasílabos. A decir verdad, no me paré a contar las sílabas, lo dije según me sonaron. O a lo mejor sólo conté hasta el hemistiquio, que a veces hago eso, y me equivoqué en una sílaba. Un saludo cordial.
 
Última edición:
Muy hermoso poema de imágenes maravillosas y melancolía expresa. Un gusto leerlo.

Gracias Luciana, el gusto es mío de que lo haya disfrutado, poeta. :)

¡Un abrazo!

Precioso romance en alejandrinos, M.A.M, me quito el sombrero ante la exquisita belleza de su lírica. Un placer leerlo. Saludos

Gracias FanÁngel, yo encantado de que haya sido un placer la lectura, poeta. :)

¡Un abrazo!
 
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La tímida caricia del tiempo, que se va
apenas sin rozarlo, ya lejos de mi puerta,
me trae la fragancia lejana de los bosques
y el húmedo recuerdo de aquella infancia eterna.


Perdido en la memoria el viento se acumula
y dice su susurro que, sobre mi corteza,
los años han pasado por luces y penumbras,
acaso como sueños de otoño en primavera.


A cada paso el cielo, con sus miradas grises,
descubre que la lluvia, que pare la belleza,
es más que aquel bullicio de chopos y molinos
que baña la llanura entre las hojas secas,


crujientes, seductoras, llenando los vacíos
con esa luz difusa y aleve de la niebla.
Perdido en la memoria, el prado se adormece
debajo de la escarcha que besa la ribera,


camino de las horas donde dejé marchitos
el verde tintineo de abril, y esa acuarela
de nítidos matices, intensos como el barro
que nace de las aguas, donde la paz espera


gritándole al silencio que ya no queda nada
para desvanecerse al tacto de la hierba.
Quizás otra mañana despierte con el firme
aliento de encontrarme, y darme a la demencia


total de regresarme de nuevo a lo perdido,
pero esta lo que toca es ver si, por mi huerta,
rebrotan ya las cosas, dejadas al olvido
del frío del invierno, o siguen bajo tierra


sin ánimo ni vida, como mi corazón
que sigue hacia adelante, pues es lo que le queda.

Me gustan mucho tus alejandrinos, M. A. M. hay en ellos esa nostalgia propia del otoño qque describes de forma casi mágica y esa mirada atrás, a la infancia, con imagenes muy bellas expresadas de forma lírica. Todo el poema es hermoso,desde el primer verso al último.
Felicidades por tu buen hacer y gracias por compartir.
Isabel
 
¡Gracias a ti por tu generoso comentario y tu felicitación, Isabel! Aunque vea el otoño desde el punto de vista nostálgico sigue siendo mi estación favorita. Será que ya empiezo a mirar más por el retrovisor que hacia adelante jaja, o que los ocres y rojizos del bosque me inspiran más que la primavera con su explosión de luz y vida... De verdad, muy agradecido y honrado por tu apreciación a estos versos. :)

¡Un abrazo!
 

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