Kazor
Poeta adicto al portal
Parajes descritos por el placer de la luna,
en este mundo Mio de desiertos de arena,
la condena del alma, las voces de los griegos,
Troya ardiendo en llamas entre júbilos de ateos,
no valen nada, sueños fríos y miradas,
bebedores de vino y Baco bailando una balada,
abismo intransitable por las voces del tiempo,
fantasías que murmuran el silencio del mar,
no nos queda nada, hombres libres atados por la locura,
imágenes y símbolos, tristezas entre las aguas,
amores que no llegan a los ojos de nadie,
poetas malditos que escribieron por sus vidas,
llamas llameantes que llaman a lo amado,
yo triste, tumbado en este aire frío,
devolviendo las saetas de este tiempo tranquilo,
que pasa, y pasa, y recorre mil caminos.
Sueños fríos, lágrimas del sudor febril de anoche,
cuando musas lloran y piden y no te regalan nada,
no quedan ya gritos en este silencio, y el amor
convertido en palabra de nadie.
Sueños fríos entre sueños de gran cordura,
palabras sin alma ya no valen nada,
confusión entre el café y el humo de la victoria,
aquella victoria que jamás dio más placer.
en este mundo Mio de desiertos de arena,
la condena del alma, las voces de los griegos,
Troya ardiendo en llamas entre júbilos de ateos,
no valen nada, sueños fríos y miradas,
bebedores de vino y Baco bailando una balada,
abismo intransitable por las voces del tiempo,
fantasías que murmuran el silencio del mar,
no nos queda nada, hombres libres atados por la locura,
imágenes y símbolos, tristezas entre las aguas,
amores que no llegan a los ojos de nadie,
poetas malditos que escribieron por sus vidas,
llamas llameantes que llaman a lo amado,
yo triste, tumbado en este aire frío,
devolviendo las saetas de este tiempo tranquilo,
que pasa, y pasa, y recorre mil caminos.
Sueños fríos, lágrimas del sudor febril de anoche,
cuando musas lloran y piden y no te regalan nada,
no quedan ya gritos en este silencio, y el amor
convertido en palabra de nadie.
Sueños fríos entre sueños de gran cordura,
palabras sin alma ya no valen nada,
confusión entre el café y el humo de la victoria,
aquella victoria que jamás dio más placer.