Ligia Calderón Romero
Poeta veterano en el portal
De dónde pudo conocer un piano,
una niña con cinco primaveras;
de dónde angelicales violincillos
cuando el progreso no llegaba al pueblo.
Con las cuatro estaciones de Vivaldi
vino su asombro, aquella melodía,
como venida de un lugar arcano
tocó la puerta de su imberbe alma.
Frente a la obtusa radio sus pupilas
—de verde cuarzo— fueron avecillas
en suspendido vuelo y lazarillo,
en sus tinieblas, y por vez primera
llevaron de la mano el torpe oído
a los umbrales del parnaso sacro.
Puso un banquito de madera al frente
de la vetusta radio. —Para Elisa,
—dijo el presentador, es la tonada
que escucharemos luego de la pausa.
Por un instante retornó a su juego
para volver a su butaca azul
cuando escuchó los prístinos compases.
Quiero un violín, un piano... su pedido
no había terminado y dijo el padre
—¡Son muy caros! Ni piano ni violín,
niña mía, no están a nuestro alcance.
Fue así que desde niña vio sus sueños
romperse como frágiles cristales
y hoy todavía añora los compases
que pudo haber tocado en su violín
junto a su caro piano.
Junio 7, 2016