Mike M.Ch.
Poeta fiel al portal
Él puso su cabeza,
en el regazo de aquella,
y estuvo así por minutos.
Sin saber se aferra,
pero jamás le confiesa,
odia y ama más en el mundo.
Un par de horas antes,
camuflado entre gente,
tratando ser prudente y discreto.
Cerro su casa con llave,
revisando dos veces,
y salió a su encuentro.
El rincón elegido,
misma habitación,
mirando con ansia el reloj.
Un texto recibido,
aceptada la invitación,
estarían juntos los dos.
La mujer en recepción,
ya le conocía bien,
apenas un saludo breve.
Ella sintió pena y suspiro,
pobre de ella pobre aquel,
cuando les sería suficiente.
Ella se postro,
entre sus rodillas,
y estuvo ahí casi inerte.
El teléfono aviso,
taxi en la salida,
otro adiós inminente.
Un cuadro de dos,
que dibuja amantes,
cuelga de la pared.
Ella medito,
podría bastarle,
quizás solo otra vez.
Cuarenta y tantos,
y veinte algunos,
madre soltera con hombre casado.
Paraíso prestado,
sin ningún futuro,
cuanto sería suficiente para ambos.
en el regazo de aquella,
y estuvo así por minutos.
Sin saber se aferra,
pero jamás le confiesa,
odia y ama más en el mundo.
Un par de horas antes,
camuflado entre gente,
tratando ser prudente y discreto.
Cerro su casa con llave,
revisando dos veces,
y salió a su encuentro.
El rincón elegido,
misma habitación,
mirando con ansia el reloj.
Un texto recibido,
aceptada la invitación,
estarían juntos los dos.
La mujer en recepción,
ya le conocía bien,
apenas un saludo breve.
Ella sintió pena y suspiro,
pobre de ella pobre aquel,
cuando les sería suficiente.
Ella se postro,
entre sus rodillas,
y estuvo ahí casi inerte.
El teléfono aviso,
taxi en la salida,
otro adiós inminente.
Un cuadro de dos,
que dibuja amantes,
cuelga de la pared.
Ella medito,
podría bastarle,
quizás solo otra vez.
Cuarenta y tantos,
y veinte algunos,
madre soltera con hombre casado.
Paraíso prestado,
sin ningún futuro,
cuanto sería suficiente para ambos.