No queda saldo de haberes y deberes,
esto es solo eso: una despedida,
no digas lo mucho que me quieres,
no repitas que vas a ser mi amiga,
las abejas nunca son culpables
de lo dulce o amargo de sus mieles,
las cosas pasan: así es la vida.
Este instante es solo tiempo,
este espacio solo es una salida,
no te desearé ni rosas ni espinas ni espigas,
dejemos que transcurran los colores,
dejemos que otros se posen,
que se vayan o se queden,
que sueñen o se burlen, que se rían,
pero no quieras mas mis versos,
no me pidas que te escriba,
sigue, mujer, sigue tu marcha,
puedes pedirle a Dios que me castigue,
puedes rogarle aún, que me bendiga,
tu y yo no somos nada,
no te deseo ni los panes ni las migas
¿para qué me dices que te llame?
si tu nombre tiré por las esquinas,
si tu cara olvidé mientras dormía,
si mis noches las ocupa plenamente
la mujer que amo en estos días,
la que hace el desayuno en las mañanas
y en mis vecinos provoca habladurías.
Ni siquiera un adiós es procedente
entre tu yo, que fuimos rima,
sé que soy el responsable,
admito que la culpa es mía,
pero tu recogiste ya tus cosas
con premeditación y alevosía,
esperando que rogara que te quedes,
como si no supieras de mi orgullo,
como si me conocieras de hace un día;
ese juego de estirarse y encogerse,
esa trama de maletas recogidas,
terminó por hacerse realidad,
sin palabras, sin ninguna tontería.
Cerremos tranquilos este acto:
nunca mas me digas que me quieres,
yo tampoco diré que te quería.
esto es solo eso: una despedida,
no digas lo mucho que me quieres,
no repitas que vas a ser mi amiga,
las abejas nunca son culpables
de lo dulce o amargo de sus mieles,
las cosas pasan: así es la vida.
Este instante es solo tiempo,
este espacio solo es una salida,
no te desearé ni rosas ni espinas ni espigas,
dejemos que transcurran los colores,
dejemos que otros se posen,
que se vayan o se queden,
que sueñen o se burlen, que se rían,
pero no quieras mas mis versos,
no me pidas que te escriba,
sigue, mujer, sigue tu marcha,
puedes pedirle a Dios que me castigue,
puedes rogarle aún, que me bendiga,
tu y yo no somos nada,
no te deseo ni los panes ni las migas
¿para qué me dices que te llame?
si tu nombre tiré por las esquinas,
si tu cara olvidé mientras dormía,
si mis noches las ocupa plenamente
la mujer que amo en estos días,
la que hace el desayuno en las mañanas
y en mis vecinos provoca habladurías.
Ni siquiera un adiós es procedente
entre tu yo, que fuimos rima,
sé que soy el responsable,
admito que la culpa es mía,
pero tu recogiste ya tus cosas
con premeditación y alevosía,
esperando que rogara que te quedes,
como si no supieras de mi orgullo,
como si me conocieras de hace un día;
ese juego de estirarse y encogerse,
esa trama de maletas recogidas,
terminó por hacerse realidad,
sin palabras, sin ninguna tontería.
Cerremos tranquilos este acto:
nunca mas me digas que me quieres,
yo tampoco diré que te quería.
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