Lírico.
Exp..
Sugerencia
No incurras en la ciega parsimonia
que te deshace en flecos de desidia;
no alteres nunca el nítido trasunto
de tu coraje entero acorazado.
Conoces ya la lluvia atrabiliada
en su lacia parábola de exangüe
criatura; artimaña que utiliza
la clepsidra del mundo para alzarse.
Sin duda son las voces cercenadas
por un clamor insomne como el viento
aquello cuanto añora la desnuda
rama de amor que habita entre tu sangre.
No riegues con la brisa del silencio
las simas fluorescentes de este verbo;
no reces al abismo ensimismado
en su razón de ser para un ser ciego.
Has observado el tono sibilino
reptando en un prodigio de susurros;
tuviste el sol herido bajo palio
porque la sombra ardía de sentido.
Es hora de cantar, resplandeciente,
la ruina de este pájaro harapiento;
no pueden los dictados del alambre
frenar tu plenitud tocando a duelo.
No incurras en la ciega parsimonia
que te deshace en flecos de desidia;
no alteres nunca el nítido trasunto
de tu coraje entero acorazado.
Conoces ya la lluvia atrabiliada
en su lacia parábola de exangüe
criatura; artimaña que utiliza
la clepsidra del mundo para alzarse.
Sin duda son las voces cercenadas
por un clamor insomne como el viento
aquello cuanto añora la desnuda
rama de amor que habita entre tu sangre.
No riegues con la brisa del silencio
las simas fluorescentes de este verbo;
no reces al abismo ensimismado
en su razón de ser para un ser ciego.
Has observado el tono sibilino
reptando en un prodigio de susurros;
tuviste el sol herido bajo palio
porque la sombra ardía de sentido.
Es hora de cantar, resplandeciente,
la ruina de este pájaro harapiento;
no pueden los dictados del alambre
frenar tu plenitud tocando a duelo.
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