Suicidio

Pessoa

Moderador Foros Surrealistas.o
Miembro del equipo
Moderadores
SUICIDIO



Oh, mi cuerpo como caballo contrito

por la derrota del amo.



Oh, fulgente soledad que me disuelve,

náufrago en la nube rota,

roca azotada por los besos de sirenas.



Oh, mi cuerpo como barca entreverada

por algas y rotas redes de pesca.



Navegante fui -triste sino el de los vivos-

y yazgo ahora entre abismos

apenas iluminados por titilantes miradas

de cervatillos perdidos.



Allí, al pie de la torre ciega

inicié mi último vuelo.



Estaba el mar tan hermoso...



Mezclado con gaviotas en sus vuelos circulares

oía la sinfonía del viento.

Abajo, siempre abajo, desde siempre vida abajo,

estaba el mar tan hermoso...



Reventados sus glaucos joyeles,

manaban madreperlas y corales,

suntuosos obsequios del mar

para ese nuevo viajero que caía vida abajo.



Las mínimas ciudades que recreaban las olas

con sus calles escondidas,

con sus luces misteriosas,

con hipocampos que duermen asidos a mis dedos ya muertos.



Tanta vida me esperaba en el confín de la muerte...



Voy dejando en mi caída nervios, tendones y músculos,

desgarros del cuerpo que me ha vivido.



Y mi sangre.



¿Será mi sangre corales,

y mis ojos, mis pobres ojos tan ciegos,

serán bajeles confusos,

sin derrota señalada por algún patrón experto?



O mis pobres ojos, tan ciegos,

adornarán con sus brillos fatigados

suaves cuellos de mujer,

frágiles cuellos de nácar,

como los que yo siempre he besado

mercenariamente.



Desde una eternidad a otra

-son las eternidades mis orígenes inciertos

y vivir una secuencia inacabable de cortas eternidades-

recorro cayendo frente a la roca mis intervalos de vida.



Siempre cayendo, vida abajo,

soy un opaco reflejo sobre rocas como espejos

que me absorben y multiplican.



Y al fondo el mar, tan brillante y tan hermoso...



14296049108_568fde5dd1_o.png


Ilust.: Joel Rea.- “Return to Soft Castles”.
 
Yo prefiero fumar.
Je, je, je.
Buen poema.
Pero sí, la ley de la Entropía es un fastidio.
Todo lo físico tiende a empeorar. A envejecer, corromperse, estropearse, oxidarse...


Y los seres vivos, debemos sostenerlo todo. Por eso, somos espíritus.
Somos espíritus que tienen un cuerpo.
Y no al revés.
 
SUICIDIO



Oh, mi cuerpo como caballo contrito

por la derrota del amo.



Oh, fulgente soledad que me disuelve,

náufrago en la nube rota,

roca azotada por los besos de sirenas.



Oh, mi cuerpo como barca entreverada

por algas y rotas redes de pesca.



Navegante fui -triste sino el de los vivos-

y yazgo ahora entre abismos

apenas iluminados por titilantes miradas

de cervatillos perdidos.



Allí, al pie de la torre ciega

inicié mi último vuelo.



Estaba el mar tan hermoso...



Mezclado con gaviotas en sus vuelos circulares

oía la sinfonía del viento.

Abajo, siempre abajo, desde siempre vida abajo,

estaba el mar tan hermoso...



Reventados sus glaucos joyeles,

manaban madreperlas y corales,

suntuosos obsequios del mar

para ese nuevo viajero que caía vida abajo.



Las mínimas ciudades que recreaban las olas

con sus calles escondidas,

con sus luces misteriosas,

con hipocampos que duermen asidos a mis dedos ya muertos.



Tanta vida me esperaba en el confín de la muerte...



Voy dejando en mi caída nervios, tendones y músculos,

desgarros del cuerpo que me ha vivido.



Y mi sangre.



¿Será mi sangre corales,

y mis ojos, mis pobres ojos tan ciegos,

serán bajeles confusos,

sin derrota señalada por algún patrón experto?



O mis pobres ojos, tan ciegos,

adornarán con sus brillos fatigados

suaves cuellos de mujer,

frágiles cuellos de nácar,

como los que yo siempre he besado

mercenariamente.



Desde una eternidad a otra

-son las eternidades mis orígenes inciertos

y vivir una secuencia inacabable de cortas eternidades-

recorro cayendo frente a la roca mis intervalos de vida.



Siempre cayendo, vida abajo,

soy un opaco reflejo sobre rocas como espejos

que me absorben y multiplican.



Y al fondo el mar, tan brillante y tan hermoso...



14296049108_568fde5dd1_o.png


Ilust.: Joel Rea.- “Return to Soft Castles”.
Qué elegancia tienen tus versos, mi querido Miguel Ángel. Son íntimos entreverados con esa dulce melancolía, insisto muy elegante.
Con todos mis afectos te mando un abrazo muy fuerte.
Salvador.
 
SUICIDIO



Oh, mi cuerpo como caballo contrito

por la derrota del amo.



Oh, fulgente soledad que me disuelve,

náufrago en la nube rota,

roca azotada por los besos de sirenas.



Oh, mi cuerpo como barca entreverada

por algas y rotas redes de pesca.



Navegante fui -triste sino el de los vivos-

y yazgo ahora entre abismos

apenas iluminados por titilantes miradas

de cervatillos perdidos.



Allí, al pie de la torre ciega

inicié mi último vuelo.



Estaba el mar tan hermoso...



Mezclado con gaviotas en sus vuelos circulares

oía la sinfonía del viento.

Abajo, siempre abajo, desde siempre vida abajo,

estaba el mar tan hermoso...



Reventados sus glaucos joyeles,

manaban madreperlas y corales,

suntuosos obsequios del mar

para ese nuevo viajero que caía vida abajo.



Las mínimas ciudades que recreaban las olas

con sus calles escondidas,

con sus luces misteriosas,

con hipocampos que duermen asidos a mis dedos ya muertos.



Tanta vida me esperaba en el confín de la muerte...



Voy dejando en mi caída nervios, tendones y músculos,

desgarros del cuerpo que me ha vivido.



Y mi sangre.



¿Será mi sangre corales,

y mis ojos, mis pobres ojos tan ciegos,

serán bajeles confusos,

sin derrota señalada por algún patrón experto?



O mis pobres ojos, tan ciegos,

adornarán con sus brillos fatigados

suaves cuellos de mujer,

frágiles cuellos de nácar,

como los que yo siempre he besado

mercenariamente.



Desde una eternidad a otra

-son las eternidades mis orígenes inciertos

y vivir una secuencia inacabable de cortas eternidades-

recorro cayendo frente a la roca mis intervalos de vida.



Siempre cayendo, vida abajo,

soy un opaco reflejo sobre rocas como espejos

que me absorben y multiplican.



Y al fondo el mar, tan brillante y tan hermoso...





Ilust.: Joel Rea.- “Return to Soft Castles”.



Descender a otra vida y renacer al abismo, ¡vaya!, qué imágenes tan fantásticas para sumergirse bien hasta el fondo y disfrutar de esas profundidades con ahogos pero con vida. Me ha encantado tu poema, bucear entre los abismos, deleitarme como siempre con esas notas particulares que tanto te identifican. Felicidades de nuevo.

¡Un gran abrazo!

Palmira
 
Qué tal, Nommo; gracias por tu comentario. Pues sí, algunos fuman mientras esperan el final de la entropía. Otros no tienen tanta paciencia. Y tu teoría es cierta: somos espíritus -parte del Gran Cero- a quienes nos ha sido asignado un cuerpo corruptible. Un cordial saludo, compañero.
miguel
 
Muchas gracias, Malena, por tu visita y tu interesante comentario. alguna vez escribí (influído por no se quien) que nuestra vida terrenal es un breve instante entre dos eternidades. Y tan breve, añado ahora. Un saludo con todo mi cariño,
miguel
 
Muchas gracias, Salvador, mi querido amigo. Con un poco de retraso contesto a tu tan amable comentario. Ya sabes, he estado un poco distraído con los ecos de un cierto latido. Pero voy a tratar de recuperar el pulso y recrearme de nuevo con respuestas tan halagadoras como la tuya. Un cordial abrazo, amigo mío.
miguel
 
Muchísimas gracias, Palmira, querida amiga. Tus comentarios son tan vehementes que me hacen desear escribir nuevos versos inmediatamente. Pero las musas no siempre tienen horas libres para dedicarme y yo solo aún no me atrevo a soltarme. Aunque lo intentaré, amiga mía. Un muy cordial saludo,
miguel
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba