antonioromo
Poeta recién llegado
Supongamos que en cada aurora
Supongamos que en cada aurora sigas siendo tú mi sol y
que tu nombre, como el rocío, aún hidrate mi primer pensamiento.
Pretendamos que en este corazón marchito aún lata tu mirada
y que en su triste palpitar resuene constante el eco de tus palabras.
Pensemos que mi caminar se haya vuelto aún más vacilante
al ya no encontrar más tus pasos ni la luz de tu presencia.
Imaginemos que aquel silencio que ocupaba otras épocas
se me haya vuelto más espeso que antes de inundarlo tu voz.
Conjeturemos que nuevas lágrimas se depositen en estos ojos,
estrellas errantes que ya no encuentran el espejo de los tuyos.
Digamos que un permanente nudo ahora resida en mi garganta
ahogándome con la fuerza helada de tu absoluta ausencia.
Supongamos que las horas lentas desfilen hasta vestirse de días
que maduran extendiendo sus grises alas de semanas y de meses.
Asómate en la mente a ese mundo mío donde existirías sin estar,
aferrándome del recuerdo de tu mano y conversando con la idea de ti.
Supongamos, dulce amiga, que el destino colocara en tus manos
estas ideas que ya no te alcanzaron por más que te buscaron.
Tal vez entonces te convenzas de la verdad que encerraría
suponer que aún te amo y que aún te sé el amor de mi vida.
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Antonio Romo
Noviembre 2019
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