Aguila Albina.
Poeta recién llegado
Cuando no sé a quién
he de dedicar mis letras,
veo fotografías antiguas
que lejos me transportan
a mundos paralelos;
donde impera la pregunta
de lo que pudo haber sido,
y de los posibles hechos.
Pero no soy buen especulador
y lo supuesto es simplemente aquello:
suposición.
Entonces supongo,
que más veces dancé
con mi gorrión negro,
sujetando la estreches de su cintura,
y reflejando su mecer.
Supongo que en más ríos nadé
y disfrute las aguas tropicales,
embriagado de su compañía
y bebiendo sus afectos.
Y lo supuesto con ella es simplemente aquello:
suposición.
Luego sujeto otra fotografía
de tonalidades más nostálgicas,
llenas de pétalos dorados
con rocío de plata,
y al especular con mi flor beata
suspiro y maldigo
a las Moiras y sus marañas,
cuyos caprichos hilan los destinos
con nudos y grandes fallas;
¿Entonces, qué he de suponer con ella?
Sino es una vida diferente
y una dicha perfecta.
Pero lo supuesto con ella es simplemente aquello:
suposición.
Finalmente, la imagen más bella
es más ficción que realidad,
y con mi sol de mediodía
estoy acostumbrado a especular;
suponiendo oír su voz
como un sordo que intenta imaginar,
poniendo palabras arbitrarias
en sus labios que conversan,
mi reflejo en sus ojos
como los faustos mares miran
y una sonrisa en su rostro
de mis frases que le miman.
Y todo lo supuesto en ella es simplemente aquello:
suposición.
Solo resta guardar las fotografías
entre mi colección de libros
y sus páginas añejas,
llenas de mitos
abundantes en leyendas,
donde pocas memorias buenas
se funden con la especulación,
cuando muchos otros
como yo supusieran,
relatos de amor
y fantasías bellas.
Pero todo lo supuesto es simplemente aquello:
Suposición.
he de dedicar mis letras,
veo fotografías antiguas
que lejos me transportan
a mundos paralelos;
donde impera la pregunta
de lo que pudo haber sido,
y de los posibles hechos.
Pero no soy buen especulador
y lo supuesto es simplemente aquello:
suposición.
Entonces supongo,
que más veces dancé
con mi gorrión negro,
sujetando la estreches de su cintura,
y reflejando su mecer.
Supongo que en más ríos nadé
y disfrute las aguas tropicales,
embriagado de su compañía
y bebiendo sus afectos.
Y lo supuesto con ella es simplemente aquello:
suposición.
Luego sujeto otra fotografía
de tonalidades más nostálgicas,
llenas de pétalos dorados
con rocío de plata,
y al especular con mi flor beata
suspiro y maldigo
a las Moiras y sus marañas,
cuyos caprichos hilan los destinos
con nudos y grandes fallas;
¿Entonces, qué he de suponer con ella?
Sino es una vida diferente
y una dicha perfecta.
Pero lo supuesto con ella es simplemente aquello:
suposición.
Finalmente, la imagen más bella
es más ficción que realidad,
y con mi sol de mediodía
estoy acostumbrado a especular;
suponiendo oír su voz
como un sordo que intenta imaginar,
poniendo palabras arbitrarias
en sus labios que conversan,
mi reflejo en sus ojos
como los faustos mares miran
y una sonrisa en su rostro
de mis frases que le miman.
Y todo lo supuesto en ella es simplemente aquello:
suposición.
Solo resta guardar las fotografías
entre mi colección de libros
y sus páginas añejas,
llenas de mitos
abundantes en leyendas,
donde pocas memorias buenas
se funden con la especulación,
cuando muchos otros
como yo supusieran,
relatos de amor
y fantasías bellas.
Pero todo lo supuesto es simplemente aquello:
Suposición.