Al entrar sus besos por la ventana,
quedaron impregnados en mi piel,
y al despertarme de buena mañana,
mis ojos ya no lo pudieron esconder.
Sus besos dulces como el almíbar,
me hacen respirar muy alegremente,
cuando mi alma comienza a caminar,
recuerdo siempre, sus preciosos ojos verdes.
El detalle del recogido, realza mi piel de leche,
de tu recuerdo, la más alegre de tus sonrisas,
porque en este otoño, no puedo dejar de amarte,
y sus invisibles manos, son como la vida misma.
Cuando mi orilla, se llene de orquídeas de amor,
lograran sucumbir a los letargos dormidos,
al llegar todos sus besos a mi corazón,
cayeron sus pétalos, porque lloran junto a un suspiro…
Y la mantilla de encajes, me abriga lo hermoso de mi vida,
lo que quieren mis ojos, son las heridas de tu amor,
las de mi amor por ti, porque esas velas blancas prendidas,
iluminan mi tormento, ese que quedó alborotado en mi corazón…
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