manuelo
Poeta fiel al portal
Sus mejores gafas, ay pobrecitas,
a la taza del water ayer se le cayeron
justo cuando el dedo de mi mujercita
apretó un botoncito, uno con lucecita,
del WC de un 747 que cruzaba el cielo
volviendo ya de Mexico, a casita.
Cuarenta mil pies, en esos momentos
marcaba una pantalla ante el asiento,
lo recuerdo muy bien, y esa misma distancia,
teniendo en cuenta del aire el rozamiento,
que al poco da velocidad constante,
en unos minutos cruzarían triunfantes,
a posarse en al agua, azul y fría, sí, de los atlantes.
Mas pasaron varias horas cuando al fin (no tuvo prisa)
mientras esperábamos el AVE, ya en Atocha,
me contó lo que le había pasado, algo nerviosa,
y me habló de un botón, las gafas, la camisa...
Apenas la entendía, estaba en otra cosa, yo comía
y eran patatas, con jamón, con huevo; y pan del día.
“..Y nada puede hacer, pues me dió miedo,
ruge esa cisterna cual león africano,
retrocedí, asustada, pero “estuve ágil”(¡),
pues lo que no hay que hacer es meter la mano,
si meto allí la mano se la lleva, manca quedo,
me lleva entera, he corrido un peligro de muerte... tuve suerte”
“Bueno, está bien, come, no pasa nada, ¡ja!”.
Así que,
sobre la vertical misma de Las Azores
las habrá pescado, sin duda, un marinero,
atraído por sus reflejos de colores
pues brillarían, sin duda, cual lucero.
a la taza del water ayer se le cayeron
justo cuando el dedo de mi mujercita
apretó un botoncito, uno con lucecita,
del WC de un 747 que cruzaba el cielo
volviendo ya de Mexico, a casita.
Cuarenta mil pies, en esos momentos
marcaba una pantalla ante el asiento,
lo recuerdo muy bien, y esa misma distancia,
teniendo en cuenta del aire el rozamiento,
que al poco da velocidad constante,
en unos minutos cruzarían triunfantes,
a posarse en al agua, azul y fría, sí, de los atlantes.
Mas pasaron varias horas cuando al fin (no tuvo prisa)
mientras esperábamos el AVE, ya en Atocha,
me contó lo que le había pasado, algo nerviosa,
y me habló de un botón, las gafas, la camisa...
Apenas la entendía, estaba en otra cosa, yo comía
y eran patatas, con jamón, con huevo; y pan del día.
“..Y nada puede hacer, pues me dió miedo,
ruge esa cisterna cual león africano,
retrocedí, asustada, pero “estuve ágil”(¡),
pues lo que no hay que hacer es meter la mano,
si meto allí la mano se la lleva, manca quedo,
me lleva entera, he corrido un peligro de muerte... tuve suerte”
“Bueno, está bien, come, no pasa nada, ¡ja!”.
Así que,
sobre la vertical misma de Las Azores
las habrá pescado, sin duda, un marinero,
atraído por sus reflejos de colores
pues brillarían, sin duda, cual lucero.
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