Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Tu sustancia fue tan previa a ti que también fue mi sustancia.
Pero emergimos de la uniformidad al baile de las máscaras,
y el resto fue entropía, salinidad combustible:
El esmalte de tu carrocería noventa y cuatro a mil por vodka
y los retratos de distancias que ahumaban mis paredes
nos zanjaron las infranqueables limítrofes fronteras,
pero nos acabamos el intento de coagular nuestras miradas
con temblor de especie a quemarropa.
Los labios en los pretiles de la lámpara
abrieron en pez un cuerpo hasta devorar su luz y perder los ojos.
La Vía Láctea del edredón hizo queso del sudor acompasado,
sazonó de ánima las torceduras, los músculos arqueados;
y en el epicentro de levedad, dos muertes empotradas:
la raíz embebida del azufre y la nata del acordeón de fondo.
El paréntesis saturado ola a ola de serpientes escupidoras
nos enveneno de nenúfar al tragar petróleo
para parir la calma.
Alquitrán indescifrable un momento después de consumar el aire,
sustancia quemada en tus pulmones, mi sustancia.
El último rescoldo de mi lengua de alcohol embalsamó tu borde
ya sin abrazar nada o apenas una libertad de risa saludable
que preguntó la hora, pero no mi nombre.
Las cuatro menos ocho se quedaron en las tres cincuenta y dos.
Pero emergimos de la uniformidad al baile de las máscaras,
y el resto fue entropía, salinidad combustible:
El esmalte de tu carrocería noventa y cuatro a mil por vodka
y los retratos de distancias que ahumaban mis paredes
nos zanjaron las infranqueables limítrofes fronteras,
pero nos acabamos el intento de coagular nuestras miradas
con temblor de especie a quemarropa.
Los labios en los pretiles de la lámpara
abrieron en pez un cuerpo hasta devorar su luz y perder los ojos.
La Vía Láctea del edredón hizo queso del sudor acompasado,
sazonó de ánima las torceduras, los músculos arqueados;
y en el epicentro de levedad, dos muertes empotradas:
la raíz embebida del azufre y la nata del acordeón de fondo.
El paréntesis saturado ola a ola de serpientes escupidoras
nos enveneno de nenúfar al tragar petróleo
para parir la calma.
Alquitrán indescifrable un momento después de consumar el aire,
sustancia quemada en tus pulmones, mi sustancia.
El último rescoldo de mi lengua de alcohol embalsamó tu borde
ya sin abrazar nada o apenas una libertad de risa saludable
que preguntó la hora, pero no mi nombre.
Las cuatro menos ocho se quedaron en las tres cincuenta y dos.
31 de diciembre de 2020