Te fragmenté en mi poesía
acaso un beso de ocasión
entregar el verso a las olas
de un acuerdo mutuo
para sembrar nuestra propuesta
de entrega que haría de los dos
amantes eternos que quieren
permanecer más allá de este
mundo que por nuestra miseria
se cae a pedazos
Te representé en cada estación
de hojas temporales que acariciaban
versos de suelo extraño, temblores
de mano y suspiros de fin de siglo
hasta llegar el lunes con la resolución
de la luna en la frente y escuchar de ti;
te he extrañado tanto
Nada es despertar
nada es después
ni tampoco desperdicio
todo es semilla
el día, el sol y la delgadez de tu poema
que para salvarse de los golpes
surge entre los dos la germinación
del amor
nos quedamos en nuestra espacio
limpios de toda oscuridad
entre labios ocultos a la sombra
de los cuerpos descifrando paredes
destapando mares con los dedos salvajes
remitiendo ante el tiempo nuestra
única eternidad para amar
y el beso interminable
la posesión de uno contra el olvido
secando lágrimas que parecen mares
distintos los dos ante los espejos
que se enojan
se empañan con nuestra canción
Hemos llegado a la catedral del silencio
con nuestra piel de montaña
abriendo los placeres del distanciamiento
mucho antes de conjugar los deseos
para doblegar nuestra propia bestialidad
del espíritu.
Te sostengo en mis dolores
en el proceso de mi propia desintoxicación
en aquel ángel que surge para ti
sin vuelo de halcón
sin manos para tocar
nada más en este paraíso
de ciencias crepusculares
donde un beso es un poema
por abrir
acaso un beso de ocasión
entregar el verso a las olas
de un acuerdo mutuo
para sembrar nuestra propuesta
de entrega que haría de los dos
amantes eternos que quieren
permanecer más allá de este
mundo que por nuestra miseria
se cae a pedazos
Te representé en cada estación
de hojas temporales que acariciaban
versos de suelo extraño, temblores
de mano y suspiros de fin de siglo
hasta llegar el lunes con la resolución
de la luna en la frente y escuchar de ti;
te he extrañado tanto
Nada es despertar
nada es después
ni tampoco desperdicio
todo es semilla
el día, el sol y la delgadez de tu poema
que para salvarse de los golpes
surge entre los dos la germinación
del amor
nos quedamos en nuestra espacio
limpios de toda oscuridad
entre labios ocultos a la sombra
de los cuerpos descifrando paredes
destapando mares con los dedos salvajes
remitiendo ante el tiempo nuestra
única eternidad para amar
y el beso interminable
la posesión de uno contra el olvido
secando lágrimas que parecen mares
distintos los dos ante los espejos
que se enojan
se empañan con nuestra canción
Hemos llegado a la catedral del silencio
con nuestra piel de montaña
abriendo los placeres del distanciamiento
mucho antes de conjugar los deseos
para doblegar nuestra propia bestialidad
del espíritu.
Te sostengo en mis dolores
en el proceso de mi propia desintoxicación
en aquel ángel que surge para ti
sin vuelo de halcón
sin manos para tocar
nada más en este paraíso
de ciencias crepusculares
donde un beso es un poema
por abrir