daniel amaya
Poeta fiel al portal
El camino nocturno mora
en tierra desolada,
el tiempo acostumbra
al duelo taciturno.
El camino nocturno
es una cueva invisible,
un lecho gris, frío
y una alfombra sin tejido
atizada por el harapiento,
hay una tormenta desdibujando los inquilinos
que moran en cada rincón solitario,
la manta del frío los conoce
como una madre que lee los pensamientos de su crío.
El tiempo acostumbra
a ver el frío de los desamparados,
nadie ve, oye o siente,
parece una guerra de solitarios
y en el otro fuerte acomodados
en palcos amoblados.
Serpientes rodeando el cuello de inocentes
se olvida de espalda a la jungla,
todas la lágrimas cuentan
me niego a no creer,
todas cuentan,
las almas de todos los olvidados.
El suelo taciturno
entiende la voz que del silencio se palpa,
acompaña las añejas pisadas de quien no tiene rumbo,
suelo, tú no eliges, tú no discriminas,
tú vas dando caminos a sandalias harapientas,
a pies descalzos, moribundos y agrietados,
pareces a una madre que cuida y orienta con una lámpara
a los hijos que buscan abismos y desfiladeros...
La vida con sombra
en un rincón huérfano,
en las noches frías y amargas,
todos conversan con mentes frías
haciendo estacas en las murallas,
como un castillo que se defiende de enemigos...
Cruel designio recuerda
a quienes se sientan en los espacios relegados
y conversan con las sombras,
el sombrío se mofó de sus chozas alguna vez
y la pobreza los arrestó a las celdas del olvido,
de la maldita indiferencia de los buitres,
de los que visten trajes y se aprenden un discurso vacío
desde castillos con estacas en los suelos,
hay niños que no vieron lo que es ser niño...
en tierra desolada,
el tiempo acostumbra
al duelo taciturno.
El camino nocturno
es una cueva invisible,
un lecho gris, frío
y una alfombra sin tejido
atizada por el harapiento,
hay una tormenta desdibujando los inquilinos
que moran en cada rincón solitario,
la manta del frío los conoce
como una madre que lee los pensamientos de su crío.
El tiempo acostumbra
a ver el frío de los desamparados,
nadie ve, oye o siente,
parece una guerra de solitarios
y en el otro fuerte acomodados
en palcos amoblados.
Serpientes rodeando el cuello de inocentes
se olvida de espalda a la jungla,
todas la lágrimas cuentan
me niego a no creer,
todas cuentan,
las almas de todos los olvidados.
El suelo taciturno
entiende la voz que del silencio se palpa,
acompaña las añejas pisadas de quien no tiene rumbo,
suelo, tú no eliges, tú no discriminas,
tú vas dando caminos a sandalias harapientas,
a pies descalzos, moribundos y agrietados,
pareces a una madre que cuida y orienta con una lámpara
a los hijos que buscan abismos y desfiladeros...
La vida con sombra
en un rincón huérfano,
en las noches frías y amargas,
todos conversan con mentes frías
haciendo estacas en las murallas,
como un castillo que se defiende de enemigos...
Cruel designio recuerda
a quienes se sientan en los espacios relegados
y conversan con las sombras,
el sombrío se mofó de sus chozas alguna vez
y la pobreza los arrestó a las celdas del olvido,
de la maldita indiferencia de los buitres,
de los que visten trajes y se aprenden un discurso vacío
desde castillos con estacas en los suelos,
hay niños que no vieron lo que es ser niño...
Última edición: