Morgan H.Yabar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Eran más de las doce
y aún me caminaba el cielo
como si nada le importara.
Sabía de la perplejidad de mi tiempo
y me bordaba en los labios,
con sus palabras, el silencio.
Y yo me empeñaba en que el corazón
no palpitara en mis labios,
de hacerme a su cuerpo
sin una pizca de centro.
Pero entonces, los dedos,
enredándose en sus cabellos,
como si fuera el último recurso.
Así que no puedo decir
que no sabía lo que hacía,
pues desde que la vi,
se adivinaban los soles en su pecho;
los eslabones en los besos.
El desastre que era, sentir ese cielo
porque ahora, era seguro:
Conocería también el infierno.
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