eduardocarpio
Poeta adicto al portal
TAN AJENAS, TAN PROPIAS, TAN LUCÍFERAS
Comparto con la luna el plenilunio
de un cálido verano. Allá en el cielo
–espléndido y capaz el mes de junio–
la estrella colma plata y terciopelo.
Nocturno delicado. Ceniciento
matiz de luz nostálgica, pupila
atenta sobre el fértil del talento,
claror en gota que el rocío estila.
Y granarán los nombres de las cosas
entre la inmensidad ahí suspensa;
ensayarán renglones, versos, prosas,
que a tal asombro debo recompensa.
Tiernos cendales de mi breve pluma
frente a la mar de plenitud y vida;
letras aún en levedad y bruma,
manifiestas en busca de medida.
Si mal las vieren, préstenles modestas,
la rosa del aliento en las mejillas,
el soplo superior de las propuestas,
la presencia que aviva maravillas.
A tal altura de la historia agotan
esas cuencas que irritan por vacías;
llevan estrofas torpes que alborotan
madrugadas tan ebrias como frías.
Ya celos y ambiciones infructíferas,
ya jactancias de garras en manoplas,
tan propias, tan ajenas, tan lucíferas.
Intempesta la noche de las coplas.
eduardocarpio
8 de enero de 2013
Comparto con la luna el plenilunio
de un cálido verano. Allá en el cielo
–espléndido y capaz el mes de junio–
la estrella colma plata y terciopelo.
Nocturno delicado. Ceniciento
matiz de luz nostálgica, pupila
atenta sobre el fértil del talento,
claror en gota que el rocío estila.
Y granarán los nombres de las cosas
entre la inmensidad ahí suspensa;
ensayarán renglones, versos, prosas,
que a tal asombro debo recompensa.
Tiernos cendales de mi breve pluma
frente a la mar de plenitud y vida;
letras aún en levedad y bruma,
manifiestas en busca de medida.
Si mal las vieren, préstenles modestas,
la rosa del aliento en las mejillas,
el soplo superior de las propuestas,
la presencia que aviva maravillas.
A tal altura de la historia agotan
esas cuencas que irritan por vacías;
llevan estrofas torpes que alborotan
madrugadas tan ebrias como frías.
Ya celos y ambiciones infructíferas,
ya jactancias de garras en manoplas,
tan propias, tan ajenas, tan lucíferas.
Intempesta la noche de las coplas.
eduardocarpio
8 de enero de 2013
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