Tan ayer

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
Lo dije todo de tan nada que dije.

Adivinaste la garganta que escondí en el paréntesis,
la palpaste es su grosera sutileza de penumbras
con lo que debió ser la música agitada en tus retinas.
Quedé sembrado en un tránsito inmóvil de olas,
en una muerte de oficio sin pies.
Pero a tu sangré le oí decir que tu carne no era un mito de estatuas.
Escuché decir a tu estatua: tócame.

Eras una vibración traspasada de músculo,
un acorde vivo que desgarraba mis uñas,
una espesa extensión de mis asfixias,
muy adentro, pero afuera, en insoportable noción de las orillas.
Mi corazón era un murmullo de savias circulares,
una almendra sola de un árbol incapaz de arraigarse
en el cauce de mi voz con su silbido de adrenalina.

Pero tu lengua me recogió del aire en toda mi magnitud de aroma,
replicaste cada hebra mía con tu temblor de ciudad devastada,
líquida mujer contenida en una copa,
hembra crecida por la marea y denunciada por el viento,
océano en pie que penetré de tuétanos hasta arrancar mi sombra.

Menoscabé cada lirio tuyo, hice brotar la hiedra.
Me cegaste los ríos que trepaban a las nubes,
te aprendí a amar con las piedras.
Eras todo lo que no me habían contado del mar antes de su mugido:
que la espuma también ahoga,
que un grano de arena en el ojo puede ser la semilla de la locura.

Ya todo es una sorda ceguera.
No me acostumbro a lo que soy desde que no eres lo que conmigo fuiste,
no acepto que no seas mi muerte,
que dures tanto, que no hayas durado…

He hecho perenne la declaración del eclipse,
y tú oíste nada de tan todo que oíste.

30 de septiembre de 2011
 
Lo dije todo de tan nada que dije.

Adivinaste la garganta que escondí en el paréntesis,
la palpaste es su grosera sutileza de penumbras
con lo que debió ser la música agitada en tus retinas.
Quedé sembrado en un tránsito inmóvil de olas,
en una muerte de oficio sin pies.
Pero a tu sangré le oí decir que tu carne no era un mito de estatuas.
Escuché decir a tu estatua: tócame.

Eras una vibración traspasada de músculo,
un acorde vivo que desgarraba mis uñas,
una espesa extensión de mis asfixias,
muy adentro, pero afuera, en insoportable noción de las orillas.
Mi corazón era un murmullo de savias circulares,
una almendra sola de un árbol incapaz de arraigarse
en el cauce de mi voz con su silbido de adrenalina.

Pero tu lengua me recogió del aire en toda mi magnitud de aroma,
replicaste cada hebra mía con tu temblor de ciudad devastada,
líquida mujer contenida en una copa,
hembra crecida por la marea y denunciada por el viento,
océano en pie que penetré de tuétanos hasta arrancar mi sombra.

Menoscabé cada lirio tuyo, hice brotar la hiedra.
Me cegaste los ríos que trepaban a las nubes,
te aprendí a amar con las piedras.
Eras todo lo que no me habían contado del mar antes de su mugido:
que la espuma también ahoga,
que un grano de arena en el ojo puede ser la semilla de la locura.

Ya todo es una sorda ceguera.
No me acostumbro a lo que soy desde que no eres lo que conmigo fuiste,
no acepto que no seas mi muerte,
que dures tanto, que no hayas durado…

He hecho perenne la declaración del eclipse,
y tú oíste nada de tan todo que oíste.

30 de septiembre de 2011
Para la memoria todo está en presente, así que te fregaste:)
Un abrazo, Pedro.
 
No me acostumbro a lo que soy desde que no eres lo que conmigo fuiste,
no acepto que no seas mi muerte,
que dures tanto, que no hayas durado…

AMADO poeta, hay personas que serán nuestra ETERNIDAD, queramos o no, así pasa y en este caso hasta nuestra muerte, porque la muerte viene de muchas formas puede ser nuestro destino...te comparto un poema de Rosario Castellanos, sabes hace años tuve el honor de conocer a uno de sus sobrinas, también poeta, que vive en el DF,

Besitos de fresa y crema,

Destino

Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.

El hombre es animal de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.

Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.

El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo de un tigre.

El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve
-antes que lo devoren- (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.
 
Última edición:
AMADO poeta, hay personas que serán nuestra ETERNIDAD, queramos o no, así pasa y en esta caso hasta nuestra muerte, porque la muerte viene de muchas formas puede ser nuestro destino...te comparto un poema de Rosario Castellanos, sabes hace años tuve el honor de conocer a uno de sus sobrinas, también poeta, que vive en el DF,

Besitos de fresa y crema,

Destino

Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.

El hombre es animal de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.

Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.

El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo de un tigre.

El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve
-antes que lo devoren- (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.
Me encanta este poema de doña Rosario, muchos de ella en realidad. Es muy hermoso lo que me cuentas sobre su sobrina; en 2011 tuve el privilegio de saludar y escuchar a Laura Garcia-Lorca, sobrina de Federico, en un recital de poemas declamados por Chavela Vargas, fue un momento muy emocionante.
Muchas gracias por venir, querida Lupita. Te dejo mis abrazos completos.
 

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