Morgan H.Yabar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tengo un registro absurdo,
los peldaños se vuelven hacia ninguna parte
tan míos, tan de nadie.
Son presencias que deambulan,
que me deambulan.
Esas insignificancias, obligan a admirarlas.
Y hay algo de satisfacción y vértigo,
la conclusión inconclusa,
la palabra a mitad de la nada.
El ritmo que al abrir los ojos
solo se encuentra a sí mismo.
La delirante espiga que roza el viento,
el confort orgásmico que se rinde a la soledad,
que comprende esa belleza y pasión
tan inteligible en la faz.
Los peldaños se vuelven hacia ninguna parte,
tan míos, tan de nadie.
los peldaños se vuelven hacia ninguna parte
tan míos, tan de nadie.
Son presencias que deambulan,
que me deambulan.
Esas insignificancias, obligan a admirarlas.
Y hay algo de satisfacción y vértigo,
la conclusión inconclusa,
la palabra a mitad de la nada.
El ritmo que al abrir los ojos
solo se encuentra a sí mismo.
La delirante espiga que roza el viento,
el confort orgásmico que se rinde a la soledad,
que comprende esa belleza y pasión
tan inteligible en la faz.
Los peldaños se vuelven hacia ninguna parte,
tan míos, tan de nadie.
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