solano b
Poeta recién llegado
Era la mujer más hermosa que dio a luz el levante.
Soltando sus cabellos como versos de agua
que algún pétalo de la noche aromara
con sus estrellas.
Nacida de los suaves frutos de mis besos,
de las sublimes notas de los sueños.
De los cristales que la mañana nos regala
cuando aún somos santos y dormimos próximos
al cielo.
Cuando aún somos niños, y tocados por la magia
de vivir, tenemos un rayo en nuestro corazón
como gran varita.
Era hermosa. Tan sola y tan hermosa,
como un cisne diminuto en un lago inmenso,
inmenso como un desierto que hace alucinar
que ella es irreal, y que vive en el cuento
que nunca acabamos de contar.
Con las horas que como diademas
cuelgan de las almas enfermas
y las destinan a brillar.
Era la más hermosa, y en su primavera
se veía el mar, los peces del amor
gimiendo dorados,
los últimos espasmos del sol,
la tierra como una isla de seda,
y la seda como una mariposa
en interminable vuelo.
Era tan hermosa.
Soltando sus cabellos como versos de agua
que algún pétalo de la noche aromara
con sus estrellas.
Nacida de los suaves frutos de mis besos,
de las sublimes notas de los sueños.
De los cristales que la mañana nos regala
cuando aún somos santos y dormimos próximos
al cielo.
Cuando aún somos niños, y tocados por la magia
de vivir, tenemos un rayo en nuestro corazón
como gran varita.
Era hermosa. Tan sola y tan hermosa,
como un cisne diminuto en un lago inmenso,
inmenso como un desierto que hace alucinar
que ella es irreal, y que vive en el cuento
que nunca acabamos de contar.
Con las horas que como diademas
cuelgan de las almas enfermas
y las destinan a brillar.
Era la más hermosa, y en su primavera
se veía el mar, los peces del amor
gimiendo dorados,
los últimos espasmos del sol,
la tierra como una isla de seda,
y la seda como una mariposa
en interminable vuelo.
Era tan hermosa.