Pescador nublado
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y aún te busco en quien sea que encuentro,
en el ruido y las luces de las calles,
en las mañanas que veo mi habitación vacía,
en las noches cuando mis cuadros se nublan.
Aún te escucho en lo que oigo,
en la música que se niega a traerte de vuelta,
en el silencio; el sello de tu partida.
En mi último grito, el que decía “no te vayas”.
Y aún te siento en la sed que yo no percibo,
en el sueño que se olvida de venir a mi cuerpo,
en mi hambre que existe pero no se satisface
y en el deseo que ahora confundo con en el instinto.
Aún te espero en los destinos que sé nunca fueron los tuyos,
en esos lugares que no se diseñaron para mí,
en los momentos que el tiempo no me dio y que yo no supe conseguir,
en los días que planeaste con alguien más.
Ya no recuerdo cómo hacer para olvidarte
cómo borrar tus marcas sin dañar mi piel
cómo transformar tu nombre en un sonido más
cómo hacer de tu rostro otro simple espejo roto.
Cada suspiro es un llamado que espera traerte de vuelta,
cada hora es agua dulce que no me atrevo a beber,
cada lluvia es un día de fiesta muda
y cada risa que se escapa es un lamento disfrazado.
Aún hoy no encuentro un escondite que me de refugio.
Aún hoy no he podido inventar una plegaria que dios entienda.
Aún hoy no he podido decir que no me importas sin sentir que miento.
Aún hoy se me olvida que te quedaste estacionada en el ayer
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