Anoche soñé contigo
en un sueño de encantos,
envuelta en encajes de tu blanco viso,
derramando besos sobre mí rostro franco.
Con tus pies caminabas ligera
cual pluma blanca en el aire flotando,
y la ligera brisa agitaba tu melena negra
que azotaba ligera mí frente y mis manos.
Eras frágil entre tallos de avena,
entre hierba verde; y yo un verde manto.
Y eras roca entre fragmentos de piedra,
entre arena blanca; y yo un desierto blanco.
La hierba crecía y te abrazaba,
y tú generosa la ibas dejando.
Y la blanca arena que a tus pies se amontonaba,
tú, caprichosa, hasta tu boca la fuiste acumulando.
Tu beso fue tan dulce
y tan ansioso fue mi abrazo,
que desliarme de ti no supe
quedando para siempre a tu lado. . .
Yo te miraba sonriente
extendiendo al máximo mis encogidos labios,
mientras tú repartías del amor la simiente
entre valles, montañas y barrancos.
Y el amor brotó por doquier
quedando por él todo el paisaje impregnado.
Luego yo con cuidado lo regué,
y así formamos nuestro jardín privado.
No había rosas aromáticas
ni lirios blancos ni morados,
ni mariposas de bellas combinaciones cromáticas
ni abejas laboriosas que el polen fueran buscando.
Había corazones de colores
que se abrían al Sol con su primer contacto,
y multitud de niñas y niños juguetones
que de corazón en corazón iban saltando.
A tu lado mí felicidad encontró cobijo
y olvidé para siempre como era mí llanto.
Luego desperté y terminó mi sueño contigo;
Tan sólo un sueño lleno de encantos.
en un sueño de encantos,
envuelta en encajes de tu blanco viso,
derramando besos sobre mí rostro franco.
Con tus pies caminabas ligera
cual pluma blanca en el aire flotando,
y la ligera brisa agitaba tu melena negra
que azotaba ligera mí frente y mis manos.
Eras frágil entre tallos de avena,
entre hierba verde; y yo un verde manto.
Y eras roca entre fragmentos de piedra,
entre arena blanca; y yo un desierto blanco.
La hierba crecía y te abrazaba,
y tú generosa la ibas dejando.
Y la blanca arena que a tus pies se amontonaba,
tú, caprichosa, hasta tu boca la fuiste acumulando.
Tu beso fue tan dulce
y tan ansioso fue mi abrazo,
que desliarme de ti no supe
quedando para siempre a tu lado. . .
Yo te miraba sonriente
extendiendo al máximo mis encogidos labios,
mientras tú repartías del amor la simiente
entre valles, montañas y barrancos.
Y el amor brotó por doquier
quedando por él todo el paisaje impregnado.
Luego yo con cuidado lo regué,
y así formamos nuestro jardín privado.
No había rosas aromáticas
ni lirios blancos ni morados,
ni mariposas de bellas combinaciones cromáticas
ni abejas laboriosas que el polen fueran buscando.
Había corazones de colores
que se abrían al Sol con su primer contacto,
y multitud de niñas y niños juguetones
que de corazón en corazón iban saltando.
A tu lado mí felicidad encontró cobijo
y olvidé para siempre como era mí llanto.
Luego desperté y terminó mi sueño contigo;
Tan sólo un sueño lleno de encantos.
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