Tango para los enfermos

Robsalz

Poeta que considera el portal su segunda casa
El desfiladero de la vida me dio por muerto,
me engrapó en el fólder de las malas vibras,
probó conmigo como un intento
de tomar por fin las últimas aguas de clima.

Fui su juguetito, su suerte, su mal tercio,
compuse una docena de testamentos sin firma,
divulgué lo que quise sin dar el vuelto
lo que me sobra son ganas de llorar por la vida.

Un trago, me dijo el último comandante del asilo,
acompáñeme monsieur, venga conmigo,
caballeros como usté, no los traen los ríos,
asegúrese el volante, yo que usté no me fío.

Tengo un tango para los enfermos
que se baila en las discos de moda,
un costal pa cargarme los huesos
diccionarios para volverte la boca.

Tengo un camisón que no usas por falta de frío
un coñac, mi Gulliver y Sansón,
el retraso de hace tres meses, un descorcha vinos
y una firma de Piolín con amor.

Por si acaso te juegas un amor antes que yo
tenme calma, nunca apuro el paso, no tengo prisa,
hay lunares en la espalda que reacomodo
cada treinta segundos y sin sacar visa.

La enfermedad del amor es un remojo
soy adicto a la muerte sin objeción,
siempre cumplí con la ley del ojo por ojo
tengo el visto bueno del mal humor.

Catarsis, ocupo una catarsis de mí mismo
reanudar la marcha nupcial con pasión,
secarme la vista, pasarme de artista
aunque nunca encuentre mi vocación.

Tengo un camisón que no uso y otro que te pido
mi falta de ortografía, mi ciego y tu mudo
Las horas que dimos de vuelo con remolinos
sin cambiarnos de rumbo.

Tengo un tango para los enfermos
la cicatriz de los mares del norte y un diluvio,
palco en un bar y otro con San Pedro en el cielo
caras largas y un centenar de mujeres en vilo.

Arañazos en el pecho y otro qué se yo,
un almíbar de locura y la cura de los besos,
que se mueren en cama
sin pedirme perdón.
 
Última edición:
El desfiladero de la vida me dio por muerto,
me engrapó en el fólder de las malas vibras,
probó conmigo como un intento
de tomar por fin las últimas aguas de clima.

Fui su juguetito, su suerte, su mal tercio,
compuse una docena de testamentos sin firma,
divulguélo que quise sin dar el vuelto
lo que me sobra son ganas de llorar por la vida.

Un trago, me dijo el último comandante del asilo,
acompáñeme monsieur, venga conmigo,
caballeros como usté, no los traen los ríos,
asegúrese el volante, yo que usté no me fío.

Tengo un tango para los enfermos
que se baila en las discos de moda,
un costal pa’ cargarme los huesos
diccionarios para volverte la boca.

Tengo un camisón que no usas por falta de frío
un coñac, mi Gulliver y Sansón,
el retraso de hace tres meses, un descorcha vinos
y una firma de Piolín con amor.

Por si acaso te juegas un amor antes que yo
tenme calma, nunca apuro el paso, no tengo prisa,
hay lunares en la espalda que reacomodo
cada treinta segundos y sin sacar visa.

La enfermedad del amor es un remojo
soy adicto a la muerte sin objeción,
siempre cumplí con la ley del ojo por ojo
tengo el visto bueno del mal humor.

Catarsis, ocupo una catarsis de mí mismo
reanudar la marcha nupcial con pasión,
secarme la vista, pasarme de artista
aunque nunca encuentre mi vocación.

Tengo un camisón que no uso y otro que te pido
mi falta de ortografía, mi ciego y tu mudo
Las horas que dimos de vuelo con remolinos
sin cambiarnos de rumbo.

Tengo un tango para los enfermos
la cicatriz de los mares del norte y un diluvio,
palco en un bar y otro con San Pedro en el cielo
caras largas y un centenar de mujeres en vilo.

Arañazos en el pecho y otro qué se yo,
un almíbar de locura y la cura de los besos,
que se mueren en cama
sin pedirme perdón.


profundo poema el que nos dejas, saludos cordiales
 

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