Alejandro Leza
Poeta recién llegado
Cuento las veces
en que mis ojos atisban
la noche dolorosa
que se llevó tu sonrisa,
y trato de hilar la felicidad
al destello de una estrella breve,
que se atreve a asomar
la esperanza de volverte a ver.
Y no me basta la sombra silente
que retrata tus juegos cuando estabas;
tan solo hace que me bañe
en la humedad que baja por mi cara,
quemando tanto el rosario de los días,
que a veces sinceramente,
los llego a odiar.
El aroma de la soledad te sustituye,
y sigue tus huellas en el hogar
que no se puede parecer al pasado;
hago lo indecible por acallar el silencio,
pero tu mirada resuena en la memoria
que reniega de mudarse
a donde ahora pertenece.
Suspiro por los sueños raros
que amargamente evaden mi consuelo,
fugaces,
como luces vivas en un campo fresco
que se desvanece muy temprano.
Te sigo esperando...
¿o soy yo el que se ha marchado?
Porque sin ti,
quizá soy yo el que está ausente siempre.
en que mis ojos atisban
la noche dolorosa
que se llevó tu sonrisa,
y trato de hilar la felicidad
al destello de una estrella breve,
que se atreve a asomar
la esperanza de volverte a ver.
Y no me basta la sombra silente
que retrata tus juegos cuando estabas;
tan solo hace que me bañe
en la humedad que baja por mi cara,
quemando tanto el rosario de los días,
que a veces sinceramente,
los llego a odiar.
El aroma de la soledad te sustituye,
y sigue tus huellas en el hogar
que no se puede parecer al pasado;
hago lo indecible por acallar el silencio,
pero tu mirada resuena en la memoria
que reniega de mudarse
a donde ahora pertenece.
Suspiro por los sueños raros
que amargamente evaden mi consuelo,
fugaces,
como luces vivas en un campo fresco
que se desvanece muy temprano.
Te sigo esperando...
¿o soy yo el que se ha marchado?
Porque sin ti,
quizá soy yo el que está ausente siempre.
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