Sigue lloviendo;
los niños en los charquitos
saltan contentos.
La tarde es plomiza
como si un toldo gris
se hubiera echado sobre ella.
Las ventanas comienzan a encenderse
y la calle parece,
llena de diminutos farolillos.
La dulce lluvia matiza la luz
y parece que estoy
salpicada de olas,
llena de luz y sal,
arrullada de besos y agua,
como si fuera una roca.
los niños en los charquitos
saltan contentos.
La tarde es plomiza
como si un toldo gris
se hubiera echado sobre ella.
Las ventanas comienzan a encenderse
y la calle parece,
llena de diminutos farolillos.
La dulce lluvia matiza la luz
y parece que estoy
salpicada de olas,
llena de luz y sal,
arrullada de besos y agua,
como si fuera una roca.