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Tarde-noche en un Simca 1000- glosando a Gerardo Diego con algo de humor

jmacgar

Poeta veterano en el portal


Y resumiendo el amador su dicho
Recogió los suspiros redondeles
Y abandonado al humo del capricho
Se dejó resbalar por los rieles.
Una sesión de circo se iniciaba
en la constelación decimoctava.

(Gerardo Diego,
Fábula de Equis y Zeda)


Tarde-noche en un Simca mil.


Atardecía y se esperaba Luna
al correr de las horas de la noche,
quizás allá más tarde de la una;
no paró él de hablar dentro del coche,

y resumiendo el amador su dicho,
ella dejó de parecerle un bicho.


Miró Eva de frente, hacia la playa,
y se encendió su pecho de claveles,
y Adán desde allí mismo, en la atalaya,

recogió los suspiros redondeles;
llegó aroma de mar envuelto en brisas
y en su fundido beso no hubo prisas.

El auto, igual que un agradable nicho,
acogía el calor de los amantes

y abandonado al humo del capricho
se empañó con los vahos jadeantes
el cristal de aquel viejo Simca mil
que le donó su padre el mes abril.

Se dejó resbalar por los rieles
el desenfreno ardiente del amor;
para sus paladares eran mieles
las mutuas tibias gotas de sudor,
y si parca en palabra la función
no silenciosa era su pasión.


Era un horno el espacio tan pequeño,
donde asaban su carne en contorsiones
y equilibrismos de sensual empeño
donde insistían en repeticiones
pues cuando en apariencia terminaba

una sesión de circo se iniciaba.


En la alta noche apareció la Luna
que como un foco iluminó la escena
dándole luz a aquella noche bruna;
no se acordaron de merienda o cena
pues tan feliz pareja se encontraba

en la constelación decimoctava.

------------------

Génesis del poema:

Intenté aquí de nuevo remedar algo del estilo del Gerardo Diego gongorino y creacionista de Equis y Zeda, pero qué difícil es hacer ese juego del gran poeta en la Fábula donde juega con las palabras y las metáforas imposibles de una manera asombrosa.

Extraje, de entre tantos, este sexteto que preside mi poema por ver de glosarlo y hete aquí por donde me llevaron las rimas; confieso que al principio no tenía ni idea de lo que iba a salir, pero luego fue fluyendo esta historia de pasión que terminé ubicando dentro de un simca mil, título de una muy famosa y jocosa canción de los años 80/90 y que pertenece a un grupo valenciano: “Los Inhumanos” , que se editó en 1988, muchas de cuyas canciones tuvieron bastante éxito, especialmente la que se titulaba “¡Qué difícil es hacer el amor en un Simca 1000”.


Creo que era importante hacer esta referencia para saber a cuenta de qué cito el simca 1000 en este relato.

Espero que Gerardo Diego (esté donde esté) no se ofenda por el giro humorístico que he dado a esta glosa.

------------------------------------------------
 
Última edición:

Y resumiendo el amador su dicho
Recogió los suspiros redondeles
Y abandonado al humo del capricho
Se dejó resbalar por los rieles.
Una sesión de circo se iniciaba
en la constelación decimoctava.

(Gerardo Diego,
Fábula de Equis y Zeda)


Tarde-noche en un Simca mil.


Atardecía y se esperaba Luna
al correr de las horas de la noche,
quizás allá más tarde de la una;
no paró él de hablar dentro del coche,

y resumiendo el amador su dicho,
ella dejó de parecerle un bicho.


Miró Eva de frente, hacia la playa,
y se encendió su pecho de claveles,
y Adán desde allí mismo, en la atalaya,

recogió los suspiros redondeles;
llegó aroma de mar envuelto en brisas.
y se besaron largo, no hubo prisas.

El auto, igual que un agradable nicho,
acogía el calor de los amantes

y abandonado al humo del capricho
se empañó con los vahos jadeantes
el cristal de aquel viejo Simca mil
que le donó su padre el mes abril.

Se dejó resbalar por los rieles
el desenfreno ardiente del amor;
para su paladar sabor a mieles
fueron sus mutuas gotas de sudor,
y sin palabras era tal función,
aunque no silenciosa su pasión.


Era un horno el espacio tan pequeño,
donde asaban su carne en contorsiones
y equilibrismos de sensual empeño
donde insistían en repeticiones
pues cuando en apariencia terminaba

una sesión de circo se iniciaba.


En la alta noche apareció la Luna
que como un foco iluminó la escena
dándole luz a aquella noche bruna;
no se acordaron de merienda o cena
pues tan feliz pareja se encontraba

en la constelación decimoctava.

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Génesis del poema:

Intenté aquí de nuevo remedar algo del estilo del Gerardo Diego gongorino y creacionista de Equis y Zeda, pero qué difícil es hacer ese juego del gran poeta en la Fábula donde juega con las palabras y las metáforas imposibles de una manera asombrosa.

Extraje, de entre tantos, este sexteto que preside mi poema por ver de glosarlo y hete aquí por donde me llevaron las rimas; confieso que al principio no tenía ni idea de lo que iba a salir, pero luego fue fluyendo esta historia de pasión que terminé ubicando dentro de un simca mil, título de una muy famosa y jocosa canción de los años 80/90 y que pertenece a un grupo valenciano: “Los Inhumanos” , que se editó en 1988, muchas de cuyas canciones tuvieron bastante éxito, especialmente la que se titulaba “¡Qué difícil es hacer el amor en un Simca 1000”.


Creo que era importante hacer esta referencia para saber a cuenta de qué cito el simca 100 en este relato.

Espero que Gerardo Diego (esté donde esté) no se ofenda por el giro humorístico que he dado a esta glosa.

------------------------------------------------

Amigo Juan, veo que tienes manos sueltas para glosar poemas. Para el caso el humor, como bien dices, asociado con un encuentro circunstancial que sugiere algo de erotismo, a mi parecer: ...y se encendió su pecho de claves. Pero, no son solo dos los protagonistas de la escena, para nada, hay un tercero, : El auto, igual que un agradable nicho,/acogía el calor de los amantes. Para mi, es el elemento que reforma la escena haciéndolo esperpéntica (creo que es así el término, derivado del Esperpento) y desde este punto muta el suceso, pues: Era un horno el espacio tan pequeño. El relajo físico se ve estropeado prácticamente, aunque al parecer a los amantes eso no les repercute, pues: tan feliz pareja se encontraba/en la constelación decimoctava.
 
Amigo Juan, veo que tienes manos sueltas para glosar poemas. Para el caso el humor, como bien dices, asociado con un encuentro circunstancial que sugiere algo de erotismo, a mi parecer: ...y se encendió su pecho de claves. Pero, no son solo dos los protagonistas de la escena, para nada, hay un tercero, : El auto, igual que un agradable nicho,/acogía el calor de los amantes. Para mi, es el elemento que reforma la escena haciéndolo esperpéntica (creo que es así el término, derivado del Esperpento) y desde este punto muta el suceso, pues: Era un horno el espacio tan pequeño. El relajo físico se ve estropeado prácticamente, aunque al parecer a los amantes eso no les repercute, pues: tan feliz pareja se encontraba/en la constelación decimoctava.

Gracias te doy doblemente Lucevelio, primero por el apunte que me hiciste en privado sobre el mal uso de un verbo en uno de los sextetos y que he corregido, espero y creo, debidamente. Y en segundo lugar por dejarme ahora tu comentario que ha servido para salvar de la soledad a este trabajo que tanto me costó llevar a cabo; todas las glosas son arduas de hacer, al menos par mí, pero una vez realizadas me dejan muy satisfecho y en este caso así fue también; lo que creo que sucede con la falta de comentarios es que, esta vez, el sexteto elegido para glosar al Gerardo Diego de "Fábula de Equis y Zeda" es realmente muy representativo del estilo empleado por el autor en su época creacionista y gongorina, y ese estilo resulta difícil de asimilar y más difícil aun de traducirlo en glosa.


Vuelvo a agradecerte doblemente tu acercamiento a estos versos.

Un saludo muy cordial.
 
Última edición:
Reconozco que me pierdo en esta glosa. Pero paso para decirte que me gusta esta parte donde comienza a asomar el humor.

El auto, igual que un agradable nicho,
acogía el calor de los amantes
y abandonado al humo del capricho
se empañó con los vahos jadeantes
el cristal de aquel viejo Simca mil
que le donó su padre el mes abril.


Este verso me llama mucho la atención, pero no lo entiendo. Creo que detrás hay más de lo que dice.
en la constelación decimoctava.

Ya me contarás si encuentras un rato.

Un abrazo, Oncina.
 

Y resumiendo el amador su dicho
Recogió los suspiros redondeles
Y abandonado al humo del capricho
Se dejó resbalar por los rieles.
Una sesión de circo se iniciaba
en la constelación decimoctava.

(Gerardo Diego,
Fábula de Equis y Zeda)


Tarde-noche en un Simca mil.


Atardecía y se esperaba Luna
al correr de las horas de la noche,
quizás allá más tarde de la una;
no paró él de hablar dentro del coche,

y resumiendo el amador su dicho,
ella dejó de parecerle un bicho.


Miró Eva de frente, hacia la playa,
y se encendió su pecho de claveles,
y Adán desde allí mismo, en la atalaya,

recogió los suspiros redondeles;
llegó aroma de mar envuelto en brisas
y en su fundido beso no hubo prisas.

El auto, igual que un agradable nicho,
acogía el calor de los amantes

y abandonado al humo del capricho
se empañó con los vahos jadeantes
el cristal de aquel viejo Simca mil
que le donó su padre el mes abril.

Se dejó resbalar por los rieles
el desenfreno ardiente del amor;
para sus paladares eran mieles
las mutuas tibias gotas de sudor,
y si parca en palabra la función
no silenciosa era su pasión.


Era un horno el espacio tan pequeño,
donde asaban su carne en contorsiones
y equilibrismos de sensual empeño
donde insistían en repeticiones
pues cuando en apariencia terminaba

una sesión de circo se iniciaba.


En la alta noche apareció la Luna
que como un foco iluminó la escena
dándole luz a aquella noche bruna;
no se acordaron de merienda o cena
pues tan feliz pareja se encontraba

en la constelación decimoctava.

------------------

Génesis del poema:

Intenté aquí de nuevo remedar algo del estilo del Gerardo Diego gongorino y creacionista de Equis y Zeda, pero qué difícil es hacer ese juego del gran poeta en la Fábula donde juega con las palabras y las metáforas imposibles de una manera asombrosa.

Extraje, de entre tantos, este sexteto que preside mi poema por ver de glosarlo y hete aquí por donde me llevaron las rimas; confieso que al principio no tenía ni idea de lo que iba a salir, pero luego fue fluyendo esta historia de pasión que terminé ubicando dentro de un simca mil, título de una muy famosa y jocosa canción de los años 80/90 y que pertenece a un grupo valenciano: “Los Inhumanos” , que se editó en 1988, muchas de cuyas canciones tuvieron bastante éxito, especialmente la que se titulaba “¡Qué difícil es hacer el amor en un Simca 1000”.


Creo que era importante hacer esta referencia para saber a cuenta de qué cito el simca 100 en este relato.

Espero que Gerardo Diego (esté donde esté) no se ofenda por el giro humorístico que he dado a esta glosa.

------------------------------------------------
Bueno estimado jmacgar, el glosar no es tarea fácil, sea en décimas o en cualquier estructura poética y menos aún cuando se trata de algún poeta consagrado como en el caso de Gerardo Diego,mantener el ritmo, la estructura, la coherencia y "el estilo" como en este caso es harto difícil si glosamos un tema inédito de nuestra autoria es cuesta arriba que decir de estos "monstruos" de las letras, sin embargo date por satisfecho pues has logrado un excelente y coherente resultado e integrado ese referente musical con el trazo de humor,bien valió la pena el esfuerzo y "los quebrantos de cabeza", enhorabuena, un abrazo poeta.
 
Reconozco que me pierdo en esta glosa. Pero paso para decirte que me gusta esta parte donde comienza a asomar el humor.

El auto, igual que un agradable nicho,
acogía el calor de los amantes
y abandonado al humo del capricho
se empañó con los vahos jadeantes
el cristal de aquel viejo Simca mil
que le donó su padre el mes abril.


Este verso me llama mucho la atención, pero no lo entiendo. Creo que detrás hay más de lo que dice.
en la constelación decimoctava.

Ya me contarás si encuentras un rato.

Un abrazo, Oncina.

Creo que he encontrado un rato.

Pues qué decirte de tu pérdida, Oncina...; si crees que te extravías en esta glosa hecha con mucha retranca sens-sex-ual que me parece haber dejado bastante explícita y de asequible lectura, no te digo nada si lees el apartado de esta "Fábula de Equis y Zeda" de G. Diego de donde saqué el sexteto que encabeza mi poema; se titula:

Amor
Góngora 1927


y lo puedes hallar aquí:

http://www.poesiaspoemas.com/gerardo-diego/fabula-de-equis-y-zeda.

te recomiendo vivamente su lectura. A mí me dejó estupefacto y aún no he salido de mi asombro.

El verso que dices que no entiendes no es mío sino de Gerardo Diego y es uno más de tantos que tiene en ese largo poema que parecen desafiar a nuestro entendimiento. Si te fijas es el último del sexteto que preside mi poema y así mismo es el último de ese parte del poema de Diego (Amor , Góngora 1927) a la que te remito en el enlace que está más atrás.

En su poema, como tú dices, seguro que esconde bastante detrás, pero en el mío es más sencillo de adivinar: la pareja, a esas alturas de la noche y tras tantas contorsiones placenteras se ha quedado en la constelación decimoctava, o por decirlo con otra expresión más popular "en el séptimo cielo".

Gracias por pasar y por tu interés en este poema que, de veras, me costó bastante hacer.

Saludo cordial.
 
Última edición:

Y resumiendo el amador su dicho
Recogió los suspiros redondeles
Y abandonado al humo del capricho
Se dejó resbalar por los rieles.
Una sesión de circo se iniciaba
en la constelación decimoctava.

(Gerardo Diego,
Fábula de Equis y Zeda)


Tarde-noche en un Simca mil.


Atardecía y se esperaba Luna
al correr de las horas de la noche,
quizás allá más tarde de la una;
no paró él de hablar dentro del coche,

y resumiendo el amador su dicho,
ella dejó de parecerle un bicho.


Miró Eva de frente, hacia la playa,
y se encendió su pecho de claveles,
y Adán desde allí mismo, en la atalaya,

recogió los suspiros redondeles;
llegó aroma de mar envuelto en brisas
y en su fundido beso no hubo prisas.

El auto, igual que un agradable nicho,
acogía el calor de los amantes

y abandonado al humo del capricho
se empañó con los vahos jadeantes
el cristal de aquel viejo Simca mil
que le donó su padre el mes abril.

Se dejó resbalar por los rieles
el desenfreno ardiente del amor;
para sus paladares eran mieles
las mutuas tibias gotas de sudor,
y si parca en palabra la función
no silenciosa era su pasión.


Era un horno el espacio tan pequeño,
donde asaban su carne en contorsiones
y equilibrismos de sensual empeño
donde insistían en repeticiones
pues cuando en apariencia terminaba

una sesión de circo se iniciaba.


En la alta noche apareció la Luna
que como un foco iluminó la escena
dándole luz a aquella noche bruna;
no se acordaron de merienda o cena
pues tan feliz pareja se encontraba

en la constelación decimoctava.

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Génesis del poema:

Intenté aquí de nuevo remedar algo del estilo del Gerardo Diego gongorino y creacionista de Equis y Zeda, pero qué difícil es hacer ese juego del gran poeta en la Fábula donde juega con las palabras y las metáforas imposibles de una manera asombrosa.

Extraje, de entre tantos, este sexteto que preside mi poema por ver de glosarlo y hete aquí por donde me llevaron las rimas; confieso que al principio no tenía ni idea de lo que iba a salir, pero luego fue fluyendo esta historia de pasión que terminé ubicando dentro de un simca mil, título de una muy famosa y jocosa canción de los años 80/90 y que pertenece a un grupo valenciano: “Los Inhumanos” , que se editó en 1988, muchas de cuyas canciones tuvieron bastante éxito, especialmente la que se titulaba “¡Qué difícil es hacer el amor en un Simca 1000”.


Creo que era importante hacer esta referencia para saber a cuenta de qué cito el simca 1000 en este relato.

Espero que Gerardo Diego (esté donde esté) no se ofenda por el giro humorístico que he dado a esta glosa.

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La imagen me recordó a otra parejita dentro de un modelito mucho más antiguo, que a su vez era trasportado a bordo de un gran transatlántico que luego naufragó.
Lo has amalgamado estupendamente, qué más puedo agregar...bueno; espero no tener nunca que llegar a utilizar algo como ésto para comentar:

mwDKP4LrHwdnrVvFuQQikthK.jpeg


Jajajajajajajajjajajaj.
Saludos cordiales para ti jmacgar.
 

Y resumiendo el amador su dicho
Recogió los suspiros redondeles
Y abandonado al humo del capricho
Se dejó resbalar por los rieles.
Una sesión de circo se iniciaba
en la constelación decimoctava.

(Gerardo Diego,
Fábula de Equis y Zeda)


Tarde-noche en un Simca mil.


Atardecía y se esperaba Luna
al correr de las horas de la noche,
quizás allá más tarde de la una;
no paró él de hablar dentro del coche,

y resumiendo el amador su dicho,
ella dejó de parecerle un bicho.


Miró Eva de frente, hacia la playa,
y se encendió su pecho de claveles,
y Adán desde allí mismo, en la atalaya,

recogió los suspiros redondeles;
llegó aroma de mar envuelto en brisas
y en su fundido beso no hubo prisas.

El auto, igual que un agradable nicho,
acogía el calor de los amantes

y abandonado al humo del capricho
se empañó con los vahos jadeantes
el cristal de aquel viejo Simca mil
que le donó su padre el mes abril.

Se dejó resbalar por los rieles
el desenfreno ardiente del amor;
para sus paladares eran mieles
las mutuas tibias gotas de sudor,
y si parca en palabra la función
no silenciosa era su pasión.


Era un horno el espacio tan pequeño,
donde asaban su carne en contorsiones
y equilibrismos de sensual empeño
donde insistían en repeticiones
pues cuando en apariencia terminaba

una sesión de circo se iniciaba.


En la alta noche apareció la Luna
que como un foco iluminó la escena
dándole luz a aquella noche bruna;
no se acordaron de merienda o cena
pues tan feliz pareja se encontraba

en la constelación decimoctava.

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Génesis del poema:

Intenté aquí de nuevo remedar algo del estilo del Gerardo Diego gongorino y creacionista de Equis y Zeda, pero qué difícil es hacer ese juego del gran poeta en la Fábula donde juega con las palabras y las metáforas imposibles de una manera asombrosa.

Extraje, de entre tantos, este sexteto que preside mi poema por ver de glosarlo y hete aquí por donde me llevaron las rimas; confieso que al principio no tenía ni idea de lo que iba a salir, pero luego fue fluyendo esta historia de pasión que terminé ubicando dentro de un simca mil, título de una muy famosa y jocosa canción de los años 80/90 y que pertenece a un grupo valenciano: “Los Inhumanos” , que se editó en 1988, muchas de cuyas canciones tuvieron bastante éxito, especialmente la que se titulaba “¡Qué difícil es hacer el amor en un Simca 1000”.


Creo que era importante hacer esta referencia para saber a cuenta de qué cito el simca 1000 en este relato.

Espero que Gerardo Diego (esté donde esté) no se ofenda por el giro humorístico que he dado a esta glosa.

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Y te ha quedado muy bueno!!!
La imagen tan nítida en todo el poema, creo que goza de muchos protagonistas...
Grato placer leerte.
Un abrazo hasta tu espacio
Camelia
 
Jajajajaja, digo yo también por esa forma que tienes de cerrar tu comentario con esa foto que es escalofriante y, como sabrás por mi "me gusta" dejado allí, sé bien por qué dices esto. Y no digo más que no quiero follones que a mí también me ha tocado eso de la foto en alguna ocasión.

Gracias de veras, Sergio. Ya le acabo de decir a Oncina algo sobre este poema y lo que me costó hacerlo. Las glosas son endiabladas, pero me gustan.

Un abrazo.

La imagen me recordó a otra parejita dentro de un modelito mucho más antiguo, que a su vez era trasportado a bordo de un gran transatlántico que luego naufragó.
Lo has amalgamado estupendamente, qué más puedo agregar...bueno; espero no tener nunca que llegar a utilizar algo como ésto para comentar:

mwDKP4LrHwdnrVvFuQQikthK.jpeg


Jajajajajajajajjajajaj.
Saludos cordiales para ti jmacgar.
 
Y te ha quedado muy bueno!!!
La imagen tan nítida en todo el poema, creo que goza de muchos protagonistas...
Grato placer leerte.
Un abrazo hasta tu espacio
Camelia

Gracias de verdad, Camy; me alegra mucho que te haya gustado; he querido darle unas pinceladas de humor a esa aventura contorsionista-circense en el estrecho habitáculo del Simca 1000. Lo bueno es que, a pesar de esas estrecheces, terminaron "en la constelación décimo-octava".

Te mando un cordial saludo, amiga poeta.
 
Creo que he encontrado un rato.

Pues qué decirte de tu pérdida, Oncina...; si crees que te extravías en esta glosa hecha con mucha retranca sens-sex-ual que me parece haber dejado bastante explícita y de asequible lectura, no te digo nada si lees el apartado de esta "Fábula de Equis y Zeda" de G. Diego de donde saqué el sexteto que encabeza mi poema; se titula:

Amor
Góngora 1927


y lo puedes hallar aquí:

http://www.poesiaspoemas.com/gerardo-diego/fabula-de-equis-y-zeda.

te recomiendo vivamente su lectura. A mí me dejó estupefacto y aún no he salido de mi asombro.

El verso que dices que no entiendes no es mío sino de Gerardo Diego y es uno más de tantos que tiene en ese largo poema que parecen desafiar a nuestro entendimiento. Si te fijas es el último del sexteto que preside mi poema y así mismo es el último de ese parte del poema de Diego (Amor , Góngora 1927) a la que te remito en el enlace que está más atrás.

En su poema, como tú dices, seguro que esconde bastante detrás, pero en el mío es más sencillo de adivinar: la pareja, a esas alturas de la noche y tras tantas contorsiones placenteras se ha quedado en la constelación decimoctava, o por decirlo con otra expresión más popular "en el séptimo cielo".

Gracias por pasar y por tu interés en este poema que, de veras, me costó bastante hacer.

Saludo cordial.

No dudaba de que un rato tendrías ;)
Siempre es un gusto leer tus explicaciones.
Hay días que me levanto más obtuso de lo normal, lo del séptimo cielo está clarísimo. Creo que me perdí por dar demasiadas vueltas en la misma rotonda.

Gerardo Diego me gusta más cuando escribe más sencillo, pero agradezco también que entre tanta metáfora complicada el vocabulario que emplea sea asequible.
Gracias por el link, lo he leído con atención y disfrutándolo.
No me gustan los poetas modernos ni una cuarta parte que Gerardo Diego.

Un abrazo.
 
Mi integrismo gongorino me impide tomar el nombre de Diego en vano. Tú vas con 'manos sueltas' , como dice Lucevelio, pero yo, que ando flojo de esfínteres, temo, en fin, ya sabes, enmarronarla, por decirlo en modo horario infantil. Llevo faja ortopédica desde que lo hice en un seiscientos. Recomiendo prudencia con la palanca de cambios. De nada.

Hombre, tu integrismo te hace perder mucha creatividad; no sé si eres de glosas aunque sí de intertextualizaciones por lo que has insinuado más de una vez, pero creo que nos perdemos muy buenos poemas tuyos por ese excesivo respeto a tomar ciertos nombres en vano; te diré que a mí glosar autores famosos me gusta mucho, además como soy algo bastante masoquista, con ese ejercicio muestro al lector la diferencia abismal que hay entre glosador y glosado,en donde por supuesto salgo perdiendo siempre, pero bueno es un riesgo que corro con gusto.

Yo como no tengo "vacas sagradas" cuya carne no deba ni oler, pues ahí estoy algún que otro día hincando el diente en plan antropofágico en célebres próceres poéticos con quienes quedarme en ridículo de vez en vez, porque ¿cómo voy a osar yo hacer una poesía como la de Gerardo Diego en Equis y Zeda?, pues solamente metiéndole mucho humor a la cosa, que es lo que he hecho aquí.

En cuanto a tu consejo con la palanca de cambios, te diré que yo tengo una anécdota que pudo acabar muy mal, pero tuvo final feliz, o sea que acabamos en la constelación decimoctava cuando pudimos haber terminado en el hospital. El coche estaba en una pendiente y en el fragor de las contorsiones, primero saltó la palanca de cambios que se fue a la posición de punto muerto y a continuación le tocó el turno al freno de mano con lo que el coche se comenzó a ir pendiente abajo, así que dejé todo lo que estaba haciendo (que era muy importante y placentero) y conseguí parar el coche antes que se fuera por una ladera. ¡uff!, aún me acuerdo y me escalofrío. Pero bueno, el incidente no fue obstáculo para terminar lo empezado.

Agradezco en cualquier caso el consejo de tener cuidado de que la susodicha palanca no se quede incrustada en alguna parte impropia... Espero que te hayas acostumbrado a la faja. Si en el Simca 1000 era difícil, en un seiscientos debía ser una epopeya.

Saludos cordiales.
 
Última edición:
Bueno estimado jmacgar, el glosar no es tarea fácil, sea en décimas o en cualquier estructura poética y menos aún cuando se trata de algún poeta consagrado como en el caso de Gerardo Diego,mantener el ritmo, la estructura, la coherencia y "el estilo" como en este caso es harto difícil si glosamos un tema inédito de nuestra autoria es cuesta arriba que decir de estos "monstruos" de las letras, sin embargo date por satisfecho pues has logrado un excelente y coherente resultado e integrado ese referente musical con el trazo de humor,bien valió la pena el esfuerzo y "los quebrantos de cabeza", enhorabuena, un abrazo poeta.

Bien dices que no es tarea fácil hacer glosas, Malco; ya he dicho más atrás que, además de su dificultad, la glosa implica cierto grado de masoquismo, pues si al que se glosa es un autor de reconocido prestigio y se escoge un buen poema (o trozo de él), entonces quedará bien patente la pequeñez del glosador frente a la gigantez del glosado. Pero ese es un riesgo que corro con gusto porque el ejercicio de glosar siempre me resultó muy atrayente.

En cualquier caso, lo que me dices sobre que me puedo dar por satisfecho te lo agradezco enormemente, de veras.

Te mando un cordial saludo.
 

Y resumiendo el amador su dicho
Recogió los suspiros redondeles
Y abandonado al humo del capricho
Se dejó resbalar por los rieles.
Una sesión de circo se iniciaba
en la constelación decimoctava.

(Gerardo Diego,
Fábula de Equis y Zeda)


Tarde-noche en un Simca mil.


Atardecía y se esperaba Luna
al correr de las horas de la noche,
quizás allá más tarde de la una;
no paró él de hablar dentro del coche,

y resumiendo el amador su dicho,
ella dejó de parecerle un bicho.


Miró Eva de frente, hacia la playa,
y se encendió su pecho de claveles,
y Adán desde allí mismo, en la atalaya,

recogió los suspiros redondeles;
llegó aroma de mar envuelto en brisas
y en su fundido beso no hubo prisas.

El auto, igual que un agradable nicho,
acogía el calor de los amantes

y abandonado al humo del capricho
se empañó con los vahos jadeantes
el cristal de aquel viejo Simca mil
que le donó su padre el mes abril.

Se dejó resbalar por los rieles
el desenfreno ardiente del amor;
para sus paladares eran mieles
las mutuas tibias gotas de sudor,
y si parca en palabra la función
no silenciosa era su pasión.


Era un horno el espacio tan pequeño,
donde asaban su carne en contorsiones
y equilibrismos de sensual empeño
donde insistían en repeticiones
pues cuando en apariencia terminaba

una sesión de circo se iniciaba.


En la alta noche apareció la Luna
que como un foco iluminó la escena
dándole luz a aquella noche bruna;
no se acordaron de merienda o cena
pues tan feliz pareja se encontraba

en la constelación decimoctava.

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Génesis del poema:

Intenté aquí de nuevo remedar algo del estilo del Gerardo Diego gongorino y creacionista de Equis y Zeda, pero qué difícil es hacer ese juego del gran poeta en la Fábula donde juega con las palabras y las metáforas imposibles de una manera asombrosa.

Extraje, de entre tantos, este sexteto que preside mi poema por ver de glosarlo y hete aquí por donde me llevaron las rimas; confieso que al principio no tenía ni idea de lo que iba a salir, pero luego fue fluyendo esta historia de pasión que terminé ubicando dentro de un simca mil, título de una muy famosa y jocosa canción de los años 80/90 y que pertenece a un grupo valenciano: “Los Inhumanos” , que se editó en 1988, muchas de cuyas canciones tuvieron bastante éxito, especialmente la que se titulaba “¡Qué difícil es hacer el amor en un Simca 1000”.


Creo que era importante hacer esta referencia para saber a cuenta de qué cito el simca 1000 en este relato.

Espero que Gerardo Diego (esté donde esté) no se ofenda por el giro humorístico que he dado a esta glosa.

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Peor es hacerlo en un Dyane 6: hay que recurrir al asiento trasero.
Se entiende perfectamente y tiene una armonía sin igual en cada paso de la pasión.
Seguro que ese tal Diego, donde esté, estará envidioso porque el tuyo llega a todos y lo de el solo a una minoría dondo yo no me encuentro.
Mis felicitaciones por tan gran creación.
Castro.
 
Peor es hacerlo en un Dyane 6: hay que recurrir al asiento trasero.
Se entiende perfectamente y tiene una armonía sin igual en cada paso de la pasión.
Seguro que ese tal Diego, donde esté, estará envidioso porque el tuyo llega a todos y lo de el solo a una minoría dondo yo no me encuentro.
Mis felicitaciones por tan gran creación.
Castro.

No recuerdo bien ese modelo Dyane 6, Enrique pero por lo que dices del asiento trasero ya me hago una idea.

Gracias por tan grato comentario y disculpa mi retraso en contestarte.

Un abrazo, amigo.
 
Última edición:
No recordaba esta glosa tuya, Juan Ramón. Me alegra poder leerla de nuevo y decirte que me parece un simpático pasatiempo con los versos de don Gerardo. Sin duda le habrás sacado una sonrisa al maestro. Saludos.
 

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