Un eco solitario, cansino,
que se vuelve a perderse
otra vez, en el viento,
intacto de recuerdos
que nadie reconoce.
La piedra fugitiva
que derrumbó el palacio
donde murió el olvido.
Habitante perpetuo
de la ausencia y el éxodo.
De este canto marchito, a veces,
moribundo de flores
descompuestas en versos,
nauseabundos, volátiles,
que hablan de ti
y aguardan encontrar un sonido,
un rastro, una quimera.
La tarde,
herida de recuerdos
se ha apoyado liviana
en el campo sembrado
de silencios oscuros,
a implorar tu regreso
y en vano se entristece.
De pronto como un soplo
se hace vuelo y estalla
en un mar de colores,
temblorosa de trinos
y humedades silvestres.
Se desviste de llantos
y suave se desploma
por tus hombros celestes
que cubren todo el cielo
volcando por tu espalda
milenaria
de adioses y de olvidos,
el peso corrosivo
de las horas que han muerto.
que se vuelve a perderse
otra vez, en el viento,
intacto de recuerdos
que nadie reconoce.
La piedra fugitiva
que derrumbó el palacio
donde murió el olvido.
Habitante perpetuo
de la ausencia y el éxodo.
De este canto marchito, a veces,
moribundo de flores
descompuestas en versos,
nauseabundos, volátiles,
que hablan de ti
y aguardan encontrar un sonido,
un rastro, una quimera.
La tarde,
herida de recuerdos
se ha apoyado liviana
en el campo sembrado
de silencios oscuros,
a implorar tu regreso
y en vano se entristece.
De pronto como un soplo
se hace vuelo y estalla
en un mar de colores,
temblorosa de trinos
y humedades silvestres.
Se desviste de llantos
y suave se desploma
por tus hombros celestes
que cubren todo el cielo
volcando por tu espalda
milenaria
de adioses y de olvidos,
el peso corrosivo
de las horas que han muerto.
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